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lunes, 23 de noviembre de 2009

120. Entender y prevenir la violencia infantil: Conclusión.


La violencia no es una enfermedad genética o una situación incontrolable en la que nada se puede hacer. La violencia se mama, se aprende y se practica desde la cuna. Todos o casi todos los factores que hacen que un niño acabe utilizando o sufriendo violencia son controlables por los adultos. Sin embargo, es un reto contínuo enseñar a un niño a alcanzar su objetivos in recurrir a la violencia. Y como todos los retos, no es imposible, pero no es fácil.

Muchas personas están implicadas en la educación de los niños y los niños se ven influidos por muchos factores, acontecimientos y personas, pero ningún padre puede utilizar esto como excusa para su falta de constancia: la responsabilidad de la creación de niños que se atrevan a mostrar sus ideas, sus pensamientos y sus sentimientos y a resolvers sus problemas de forma asertiva sin utilizar ni permitir (ni sufrir) violencia es fundamentalmente de los padres. Los padres tienen que crear la situación en la que sus hijos puedan ganar de forma pacífica. Los padres, para ello, pueden hacer uso de ayudas tales como profesores, mentores, psicólogos, médicos...etc), pero, al final, la presencia o la ausencia de estas ayudas no constituyen ninguna excusa para que los padres no hagan su trabajo. 

Muchos padres se preparan mejor para obtener el permiso de conducir o incluso para la vacaciones anuales que para educar a sus hijos. Los niños necesitan el coraje de sus padres para reaccionar frente a las vicisitudes de la vida. Al final, el éxito de la educación de los niños reside en que padres e hijos trabajen como un equipo en lugar de pelearse entre ellos. En esto no vale decir "he hecho lo que he podido": los niños y los padres tienen que hacer todo lo necesario para evitar la violencia. El trabajo es enorme pero la recompensa es aún mayor: una vida de disfrute, orgullo y paz para usted y sus hijos.

Fuentes:


Harris L. Couter, Barbara Loe Fischer, “A Shot in The Dark”. 1991 Avery, Penguin Group (USA) Inc.

Lucille Glicklich-Rosenberg M.D. “Violence and Children: A Public Health Issue”. Psychiatric Times March 1996 Vol. XIII Issue 3.

The American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP). Understanding Violent Behaviour In Children and Adolescents” No. 55; Updated March 2001
Russell L. Blaylock, M.D. “Excitoxinen. The taste that kills”. Heath Press 1997.

Glenn Doman. “How to teach your baby...” series. The Beter Baby Press 1998.

John P. Murray, Ph.D. “Tv violence and Brainmapping in children”.

William Arntz, Betsy Chasse, Mark Vicente. “What the Bleep do we know”

lunes, 9 de noviembre de 2009

112. La Navidad de la copla del sombrero.





Mi mujer se ríe mucho conmigo. Yo creo que la única razón por la que seguimos juntos desde 1992 es porque ella se ríe mucho conmigo y yo con ella. Y es que la vida es mejor cuando vives con alguien que no se toma todo demasiado en serio. Precisamente de eso va esta historia: de como el humor puede levantarte cuando estás bien, pero bien jodido.


Era la Navidad de 2001. Las cosas no iban bien en el negocio familiar. Mi hermana tenía una depresión. Todos estábamos muy tristes. El 24 de diciembre, teníamos en casa ganas de cualquier cosa menos de celebrar la Navidad. La mesa estaba llena de opíparas viandas y nadie parecía tener hambre.


Mi cuñado sacó una botella de vino y la escanció diciendo: "A los males sin remedio, litro y medio". 


El vino nos calentó el cuerpo y el alma y entonces mi cuñado dijo: "Le voy a dedicar un villancico a mi suegra". Mi madre lo miró con desdén. No tenía ganas de villancicos.


Con la musica del villancico "Ande, ande, ande, la Marimorena", mi cuñado entonó lo siguiente:


"Mi suegra ya no me quiere,
porque no tengo sombrero,
po ya tengo, po ya tengo
po ya tengo uno nuevo".


Se hizo un silencio espeso...y estallamos en una carcajada los reunidos que nos duró un buen rato, hasta que el dolor de las mandíbulas o del vientre nos obligó a parar. Nos caían lagrimones a ambos lados de la cara. Seguímos cantando villancicos (a veces improvisando las letras) y cuando alguno se atascaba, rematábamos con el "po ya tengo, po ya tengo...".


Las cosas habrían de ponerse peor antes de mejorar y aún tuvimos que pasar muy malos ratos. Pero nunca olvidaremos aquella Navidad de la copla del sombrero.  

sábado, 7 de noviembre de 2009

110. Familias felices: propuesta de decálogo.

El apostol Pablo en su primera epístola a Timoteo (1 Timoteo 5:8) dice que quien no cuida de su familia es peor que quien no cree en Dios.

Factores que contribuyen a crear una familia feliz:

1. Establecer las prioridades adecuadas.

Hay mucha gente que intenta aprender un par de trucos para borrar rápidamente a su familia de su lista de actividades para poder dedicarse por completo a su trabajo o a sus aficiones. Y es que es más fácil decir que nuestra familia es la primera prioridad que hacer que realmente lo sea. Por eso sería bueno hacerse unas pregunta de vez en cuando para saber donde están nuestras prioridades: Si tu pareja o tus hijos necesitan hablar contigo, ¿les das lo más rápidamente posible tu atención?. Si hablas con otros sobre tus actividades, ¿hablas con frecuencia de lo que haces con tu familia o más bien de lo que te gustaría hacer si no tuvieras que atender a tu familia?. ¿Estas dispuesto a no a asumir más responsabilidades profesionales o de otro tipo si tu familia necesita que les dediques tu tiempo?

2. Ser fiel.

Las parejas felices ven su relación como una unión permanente. Si hay un problema buscan una solución y no lo utilizan como excusa para dejar a su pareja en la estacada. Si los miembros de una pareja son fieles el uno al otro, se produce una relación de confianza que es el suelo fértil que permite el crecimiento personal y familiar que lleva a ser felices.

¿Te pasa mucho que durante una disputa con tu pareja piensas que te has casado con la persona equivocada? ¿Tienes con frecuencia fantasías sobre otra persona? ¿Dices a tu pareja con frecuencia que te vas a ir a buscar a alguien que te valore de verdad? Quizá son estos síntomas de que no eres tan fiel como piensas.

3. Trabajar en equipo.

Si un hombre y una mujer no son un equipo, una insignificancia puede convertirse rápidamente en un gran problema, que hará que luchen entre si y no contra el problema. Pero si una pareja son un equipo, como un piloto y un copiloto en un avión con el mismo plan de vuelo, cuando no están de acuerdo en algo buscan soluciones prácticas a sus diferencias, en lugar de perder el tiempo y la energía en echándose la culpa el uno al otro.

4. Respeto y amor (por este orden)

Estoy absolutamente convencido que el respeto es tan importante (quizá más incluso) que el amor o la pasión para el mantenimiento a largo plazo de una pareja. En ocasiones cuando veo que una pareja se trata con desprecio y cinismo (se tiran puyas disimuladas o directamente se insultan) pienso que esa pareja no durará mucho. Normalmente no me equivoco. Una pareja que se respeta puede aguantarlo todo: las dificultades económicas, la enfermedad, la pérdida de un hijo...Lo que no puede aguantar una pareja es el desprecio. Lo mismo en la relación con los hijos. Hay que esforzarse contínuamente en buscar formas de prevenir gritar, menospreciar, insultar o pegar a los niños. Y acostumbrarse a pedirles perdón si alguna vez se hace.

5. Ser razonable.

Los miembros de las familias felices establecen reglas razonables y consensuadas, permitiendo incluso que los niños participen en el establecimiento de estas normas cuando tienen suficiente raciocinio. Los padres dan libertades a los niños y a los adolescentes que han demostrado ser responsables, sin intentar controlar cada detalle de su vida (especialmente en el caso de los adolescentes esto es como hacer una danza salvaje para atraer la lluvia: no es fácil que llueva, pero es seguro que te vas a cansar mucho).

6. Perdonar y alabar.

Esto de perdonar es de lo más difícil que hay. Perdonar no es aceptar un "lo siento". Perdonar es borrar la deuda que el otro tiene contigo, lo que impide que puedas intentar cobrarla después. De esa manera una expresión del tipo "tú siempre llegas tarde" o "tú nunca me escuchas" no tiene cabida en una familia feliz. Porque esas frases demuestran que llevas cuentas, que no olvidas, que no perdonas, que miras al pasado y no al futuro.

En cualquier caso, es más fácil perdonar cuando miras SIEMPRE las cualidades positivas del otro, en lugar de las negativas. Y cuando estás agradecido de esas cualidades positivas del otro y le haces saber, con frecuencia, lo mucho que valoras y aprecias esas cualidades positivas. Es bueno que piropees a tu pareja con frecuencia, por su físico y por sus cualidadades. Masaru Emoto ha realizado un interesante experimento. Este consistió en congelar el agua después de haber pronunciado una frase cerca de ella. He aquí un ejemplo:



Si estas palabras pueden hacer esto con el agua, imagínate lo que pueden hacer por tu pareja que, al fin y al cabo, está hecha de agua en un 70%. Habla con cariño a tu pareja y a tus hijos. Bendice sus agüitas, por su bien y por el tuyo.


7. Tener sentido del humor. Reir.

Las parejas que se ríen y no se toman las cosas más en serio de lo que es necesario son más felices. El sentido del humor ayuda a encontrar ánimo para cambiar las cosas que se pueden cambiar y a aceptar las que no se pueden cambiar. Reir, además, es muy sano y es una demostración de inteligencia. Dicen los científicos que la principal diferencia entre los animales y los humanos es que tenemos sentido del humor...algunos.

8. Cuidar del propio cuerpo.

El cuerpo es el templo donde habita la mente. El abuso del alcohol, las drogas o cualquier otra adicción y la alimentación inadecuada van en detrimento de la salud. Una familia en que se permite el abuso del cuerpo tiene muchas papeletas para ser infeliz.

9. Gastar menos de lo que se gana e invertir la diferencia.

El refranero castellano está lleno de refranes que hablan de la importancia de la estabilidad económica para la felicidad de una familia, pero me acuerdo de uno en particular: "En la casa en que no hay harina, todo se vuelve tremolina".

Entre lo que afirma Wallace D. Wattles ("A pesar de lo que se pueda decir para alabar la pobreza, el hecho que permanece es que no es posible vivir una vida realmente completa o exitosa a menos que seas rico") y el "contigo pan y cebolla", me quedo con que, en cualquier caso, es más fácil ser feliz si en tu casa no falta el dinero.

10. Tener fe y practicarla.

Por tener fe no quiero decir necesariamente creer en Dios. No todos los hombres y mujeres creen en la existencia de Dios. Pero es importante tener algo en lo que creer que permita establecer una escala de valores por los que guiarse. Esos valores permearán a la familia y harán que se mantenga unida y feliz.

Por último, añadir que la felicidad no es algo que se encuentra sino algo que se hace, que se construye cada día.

Fuentes:
"Messages from water", Masaru Emoto.
"The Secret", Ronda Byrne.
"Ontwaakt" Octubre 2009 Publicación de los Testigos de Jehova.
"The Science of getting rich". Wallace D. Wattles
"La Biblia".

domingo, 1 de noviembre de 2009

104. Mi suegra me va a enterrar.

No se fiaba de mí. Pero le invité hace unas semanas a presenciar una sesión de "trabajo silencioso" que hice con mi hija, que tenía un horrible dolor de tripas que le hacía retorcerse y gritar. Mi hija vomitó tres veces en el transcurso de la sesión y después se quedó dormidita. Cuando se despertó el dolor había desaparecido por completo.

Hoy me dejó masajearla.

Para mi sorpresa, nada de cuanto le hice le produjo dolor ni molestia alguna. Decidió que se podía confiar en mí, se relajó y se dejó hacer. El masaje fue para ella agradable y placentero. Esperaba yo que a sus sesenta y nueve años, cumplidos por cierto el mes pasado, estaría dura como una piedra, agarrotada e imposible de manejar. Nada de eso. Flexible como una bailarina de ballet. Estoy realmente impresionado.

Hace algunos años que mi suegra empezó a confiar en las "locuras de salud" de su hija y de su yerno. Mi esposa y yo hemos aprendido en los últimos diez años muchas cosas sobre como cuidar la salud. La diferencia entre mi suegra y yo es que cuando ella decide hacer algo, lo hace. Yo... ya veremos. Y por hacernos caso, está como una rosa. Por eso y por la buena costumbre de irse a dormir, CASI TODOS LOS DÍAS DE SU VIDA, antes de las diez de la noche.

Os lo digo, vivirá cien años. Vamos, que mi suegra me entierra.

miércoles, 21 de octubre de 2009

96. Problemas de comunicación: El oxígeno y Kabemba.

Vivía por aquel entonces en la capital de Al-Andalus y ya estaba mi mujer en Bruselas. Volví a casa para comer y descolgué el teléfono para escuchar los mensajes del contestador.

- "El contestador de Telefónica le informa de que tiene un mensaje".

- "Oxí....oxí....genoooooo".

Era la voz entrecortada y fatigosa de un anciano. Supuse que se había equivocado y no le dí mayor importancia. Una semana después escuché en mi contestador el siguiente mensaje:

- "Cabroneeeeees, mandar oxígenooooo, que me.....ahogo".

Me descojoné de risa, pero después, pensando que la cosa podría ser seria, y un tribunal me podría condenar por negación de auxilio o alguna cosa parecida, pulsé la opción "saber el número desde el que se ha dejado el mensaje" o algo así. Y llamé a ese número.

- "Dígame"
- "Buenas tardes, tengo un mensaje en el contestador en el que ustedes piden oxígeno".

La retahila de insultos, blasfemias, amenazas y gritos que tuve que escuchar no la voy a repetir aquí por decencia pero la persona (animal o cosa) que me hablaba, me acusaba entre otras lindezas de ser un asesino que intentaba matar a su padre negándole el oxígeno.

- "Oiga", le dije, "pero usted sabe con quién está hablando".
- "¿Encima se me va a poner chulo?
- "No, es que yo no tengo nada que ver con la distribución de oxígeno. Su padre se ha confundido de teléfono y ha llamado a un domicilio particular.

Esperaba yo que se disculpase pero me dijo:

- "¿Y no lo podía haber dicho usted antes?, que mi padre se está ahogando".
- "¿Sabe? Yo creo que se va a ir usted a la mierda", contesté y colgué el teléfono.

No volví a saber del anciano ni del cacho de carne con ojos de su hijo, pero en algún lugar de la provincia de Córdoba, aún habrá alguien que dirá que soy un tipo maleducado e insensible al dolor ajeno.

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En mi nueva casa de Bélgica, recibí una llamada preguntando por un tal Sr. Kabemba. Aparentemente el señor Kabemba se había olvidado de devolver unos libros en la biblioteca pública de Wezembeek-Oppem. No sería la última vez, porque la funcionaria se olvidó de borrar el registro y otra compañera repitió la llamada.

Poco después, recibí una llamada ofreciéndome un análisis gratuito del grado de aislamiento de mi vivienda. Dije que me parecía muy bien, dado que era gratis y entonces me dijo:

- "Pues bien, entonces vamos a comprobar sus datos Sr. Kabemba?.
- "Oiga, que yo no soy Kabemba. Mi nombre es Fuego Negro"
- "Muy bien, Sr. Negro, podría darme su dirección"

Le dí mi dirección y me dijo: "Ah, pero no vive usted en Wezembeek-Oppem, Sr. Negro?"
- "No, como ya le he dicho, vivo en otro municipio"
- "Pues entonces no podemos ofrecerle el análisis gratuito"

Esta llamada se repitió OCHO veces.  A la octava, aparentemente, eliminaron mis datos pues no he vuelto a saber nada.

Algunos días después recibí otra llamada, de una mujer que preguntaba por Kabemba. Recibí después muchas otras llamadas, de mujeres hablando en francés con acento africano, durante más de un año. Pacientemente les expliqué a cada una de las atribuladas mujeres que preguntaban por Kabemba que era posible que el señor Kabemba, al cambiar de teléfono, se hubiese olvidado de avisarles, lo cual, a alguna de ellas, llenó de inmenso pesar y hasta alguna dejó escapar un suspiro.

También llamó algún hombre, preguntando por Kabemba, esta vez no amoroso sino agresivo. Del mismo modo aseguré a mi interlocutor, que Kabemba ya no tenía este teléfono.

Hace ya un año que no preguntan por Kabemba. Todavía espero un día descolgar el teléfono y escuchar la voz profunda del señor Kabemba: "Buenas noches, soy Kabemba, ¿ha preguntado alguien por mí?

P.D.: Hoy me acordé de Kabemba y me entró la curiosidad por saber quien sería este Kabemba. En la red Sonico encontré esto. Desde luego, si es él, es para llamarle desesperadamente.

martes, 20 de octubre de 2009

95. Libre te quiero.


Libre te quiero

Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.


Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Agustín García Calvo.



Así quiero yo a la mía, por eso, porque no es mía (sino muy suya). Por eso, y por la infinita paciencia que tiene.


lunes, 19 de octubre de 2009

94. ¡Que me escuches, hombre!

Escuchar.


Cuando te pido que me escuches,
y empiezas a darme consejos,
entonces no has hecho lo que te he pedido.


Cuando te pido que me escuches,
y empiezas a explicarme
porqué no debería sentirme así,
entonces pisoteas mis sentimientos.


Cuanto te pido que me escuches,
y te sientes obligado a hacer algo
para resolver mi problema,
entonces, por extraño que parezca,
me estás fallando.


Pero cuando simplemente aceptas
que yo siento lo que yo siento
con independencia de si ese sentimiento está bien o mal,
entonces puede dejar de intentar convencerte
y puedo empezar el trabajo de intentar comprender
que es lo que esconde este sentimiento.


Anónimo.

Porque escuchar es oír lo que el otro ha dicho, en lugar de oír lo que piensas que el otro ha dicho, y mucho menos oír lo que piensas que el otro va a decir y aún menos oír lo que piensas que el otro debería decir.

¿Cuántas veces empiezo a hablar de mí mismo cuando otro me cuenta algo?, ¿cuántas veces lo interrumpo y empiezo a contar mi propia historia?,  ¿cuántas veces interpreto lo que significa (o lo que oculta, o lo que en realidad quiere decir) la persona que me está hablando?, ¿cuántas veces interrumpo porque ya sé lo que me va a decir y completo la frase que el otro ha comenzado?,  ¿cuántas veces mi pensamiento está en otra parte mientras el otro habla? y ¿cuántas veces reacciono en función de lo que yo pienso que el otro dice, en lugar de según lo que en realidad está diciendo?.

¡Vaya manera de escuchar que tengo!

domingo, 18 de octubre de 2009

93. Gracias a Dios.


Gracias a Dios, he pasado todo el fin de semana con dolor de vientre; C.M. perdió 10-3, gracias a Dios; gracias a Dios he tenido un accidente de tráfico, he pagado 20.000 euros en impuestos correspondientes al tercer trimestre de 2009, gracias a Dios y mi suegra nos ha visitado, ¡vaya con Dios!, digo gracias a Dios.

Porque si mi preocupación por mi salud no es más que un dolor de tripas por un exceso, con tanta gente como pasa hambre; si el mayor sufrimiento de mi hija es perder un partido (eso sí, marcando dos de los tres goles de su equipo), si sufro un accidente de tráfico y no es más que un golpe de chapa, pago muchos impuestos (que fue lo que le pedí a Dios cuando tenía 25 años y ganaba 600 Euros al mes) y mi suegra viene a casa cada domingo y me deja la casa como un pincel y me cose los botones de las camisas, es para dar gracias a Dios.

Por eso, y por tantas otras cosas que pasaron y por tantas otras cosas que pasarán, en esta vida privilegiada que me ha tocado vivir.

lunes, 12 de octubre de 2009

84. El riesgo de llevarse trabajo a casa.

Mi hija C.M. recibió una invitación para ir a jugar ayer domingo en casa de una amiguita. Se lo pasaron bien y quieren repetir. Pero esto no sería en principio noticia para una entrada de mi diario si no fuera porque la amiguita se empeñó en hacerle un regalo a C.M.: un collage hecho en un papel DinA3 a cuya espalda había una lista de clientes (muchos de ellos conocidas multinacionales) de la empresa en que trabaja su padre (una multinacional de auditoría), con indicación de qué partner se encarga de qué cliente y una descripción de cuáles son las potenciales oportunidades de negocio con ese cliente (fundamentalmente las deficiencias en sus sistemas de facturación, contabilidad e imposición).

Menos mal que no trabajo para la competencia.

sábado, 3 de octubre de 2009

79. ¿Por qué coño me toca el claxon?

Hay mucha gente que se mete en un automóvil y pasa de ser un pacífico ciudadano a ser una fiera corrupia. Que si claxon por aquí, que si prisas, que si malos gestos, incluso los hay que se ponen histéricos y hasta violentos.
Centro de la ciudad de Toledo. Un camión de la basura se ha enganchado en un balcón. Se forma un atasco con tres autos y yo estoy en el centro. El conductor que está detrás de mí toca el claxon. Miro por el retrovisor y levanto los hombros. No puedo hacer nada. Toca el claxon otra vez. Miro por el retrovisor. El tipo señala con el dedo al lado derecho.
- "Será capullo", pienso, "la calle tiene cuatro metros de ancho y quiere que me eche a la derecha".
Toca el claxon otra vez. Le miro con cara de cabreo y echo las manos a lo alto. Hace el mismo gesto con el dedo apuntando al lado derecho.
- ¡A la mierda! le digo.
Vuelve a tocar el claxon.
- "Ya me has tocado los huevos". Salgo del automóvil hecho una fiera. Según me voy acercando veo que se va hundiendo en el asiento. A voz en grito, y puedo emitir con algunos decibelios, le digo:
- "¿Por qué coño me toca el claxon? ¿Es que no ve que no puedo avanzar?
- "No se ponga así hombre, si lo que yo quería decirle es que tiene usted la puerta trasera derecha abierta, ahí, donde está su hija".
- "¡Ah! Muchas gracias, hombre. Y perdone, perdone usted".
Es que hay mucha mala educación al volante, está claro

viernes, 2 de octubre de 2009

77. السلام عليكم

Me lo encontré de frente en el pasillo de maternidad de un hospital belga. Con tan poco espacio era imposible no cruzar la mirada sin hacer el ridículo. Era un marroquí de barba poblada, camisa y pantalón beige claro, la pernera por encima del tobillo como manda la tradición islámica. El rostro severo, el ceño fruncido y los labios prietos. Mirada torva y penetrante, la cabeza ligeramente agachada y los ojos semicerrados. Parecía un toro a punto de embestir.

No cabía ninguna duda: tenía frente a mí un fundamentalista islámico con su bebé recien nacido en los brazos.

- "السلام عليكم"(as-salaamu aleikum), le dije. "Felicitations pour votre bebé".

En su rostro se dibujó una sonrisa. Me contestó al saludo y me mostró orgulloso a su bebé.

Me pareció un ser humano. Tal vez porque lo era.

domingo, 27 de septiembre de 2009

72. Confucio y las hijas del presidente Rodríguez.

El presidente Rodríguez está enojado con cierto sector de la prensa porque no ha respetado su derecho a proteger la intimidad de sus hijas y ha dicho que espera que no se vuelva a repetir. La prensa se la envaina y santas pascuas. Internet es un poco más difícil de controlar. Ahí, quienes odian al Presidente Rodríguez han hecho circular videos en los que critican la fealdad, la gordura y el mal gusto en el vestir de las hijas del presidente Rodríguez. Las leyes españolas claramente establecen que los padres son responsables civiles de los actos de sus hijos no emancipados pero que los hijos NUNCA podrán ser responsables civiles de los actos de sus padres. De lo que haga el presidente Rodríguez no podemos culpar nunca a sus hijas. Pero no todo el mundo sabe de leyes, claro.

Yo hago me hago las siguientes reflexiones:

1. El presidente Rodríguez ha exigido el respeto a su derecho a proteger la imagen y la intimidad de sus hijas. En lugar de insultar a su hijas, habría sido una buena oportunidad para recordarle al presidente Rodríguez, que otros padres, que no somos presidentes del Gobierno de España, también tenemos otros derechos importantes como el derecho la elección de la educación de nuestros hijos, el derecho a la elección de la forma en que protegemos su salud, o el derecho a ser informados antes de que nuestra hija aborte o reciba una pildora del día después.

2. A quienes se han lanzado a proclamar a los cuatro vientos la fealdad de las hijas del presidente Rodríguez y su mal gusto en el vestir, recordarles que Confucio (que dice mi mujer, que dicen los chinos, que nació, como yo, un 27 de septiembre, y ya puede decir la Wikipedia lo que quiera, que yo, por la cuenta que me trae, me fio de mi mujer) decía que "la belleza está en todas las cosas, aunque no todos pueden verla". Llamar feas a dos jovencitas de trece y quince años, más que maldad es ignorancia.

3. En relación a lo anterior, me acordé de una canción de Libby Roderick y que canta Shaina Noll:

"How could anyone ever tell you, that you're anything less than beautiful?
How could anyone ever tell you, that you´re less than whole?
How could anyone fail to notice, that your loving is a miracle,
how deeply you´re connected to my soul?"

Y por todos estos pensamientos, dejé para otro día la entrada de "Cosi fan tutte". Que le vamos a hacer.

viernes, 25 de septiembre de 2009

71. Yo debo de ser un tipo raro, medio maricón o así.

Yo debo ser un tipo raro, uno de esos hombres que ni es hombre ni es nada, metrosexual o medio maricón que dirían los de la generación de mi padre. Resulta que me encanta ir de compras con mi mujer. Sobre todo cuando vamos a comprar ropa.

Lo hacemos siempre igual: entramos en la tienda media hora antes de que van a cerrar. "De ese modo", dice, "hay menos tiempo para gastar dinero". Yo me siento en una butaca, (a veces, me sirven un cafelito y todo) y comienza el espectáculo. Ella viene con media docena de modelos. ¿Te gusta éste o éste?.

¡ATENCIÓN!

(Una mujer lleva a su marido de compras no para que la ayude a elegir la ropa, sino para que lleve las bolsas después. Si pregunta es para que confirmes su elección. Estudiad su lenguaje corporal. Hay pequeños detalles que pueden ayudar. Por ejemplo: la cabeza está siempre ligeramente ladeada hacia el vestido que más le gusta. El vestido que más le gusta estará más cerca de tí. Pero si no lo tienes claro, escápate, No caigas en la tentación de dar una opinión al azar, porque tienes un 50% de posibilidades de que no le guste ninguno de los dos).

- " Lo importante no es si me gusta a mí sino si te gusta a tí", o bien,

- " ¿Cuál de los dos combina bien con algo que ya tengas?, o mejor aún,

- " Si no lo tienes claro, ¿por qué no te llevas los dos?" (esta última debe ser utilizada con moderación).

Ni un solo comentario sobre tallas. Preguntado sobre tallas contesto que "de tallas no tengo NI PUÑETERA IDEA". Nada de decir: "¿no deberías llevarte una talla mayor?". Eso es un suicidio. No conozco una manera elegante o adecuada de decir que el traje es pequeño. Si tengo la sospecha de que la talla es demasiado pequeña, simplemente me aseguro de forma discreta de que el vestido se podrá cambiar. O bien pido ayuda a una dependienta.

- Mi mujer no está convencida de que ésta es su talla. ¿Qué opina usted?

Y entonces ella dice eso de: "Es que usted ha elegido una marca muy elegante pero que da muy poca talla" o algo así.

Las dependientas saben como decir esas cosas. Y si no sabe, mi mujer se enfadará con la dependienta, no conmigo.

A veces dice: ¨Me parece que he engordado un poco este verano" y me mira a los ojos y yo oigo la música de Tiburón: nananananananananananananan NANA.

- "A mí me parece que cadia día estás mas buena". Esto, aparte de ser verdad, que gane el presidente Rodríguez las próximas elecciones si miento, es indiscutible, porque es una opinión personal y las opiniones personales son subjetivas y, por lo tanto, siempre son verdad.

Disfruto del espectáculo, de verdad. Ahí está la mujer que quiero, haciendo un esfuerzo por encontrar un traje que realce su belleza o le haga sentir bien, todo lo cual redunda en mi disfrute. Además, lo hace deprisa, como si hubiese hecho teatro de joven. Se puede probar diez prendas en media hora. Y el tiempo se me escurre entre los dedos, porque ir de compras con la idea de que voy a asistir a una obra de teatro en el que la protagonista es la mujer que yo he elegido para ser mi compañera, hace que el tiempo vuele.

Nos ocurre con frecuencia que salimos media hora después de la hora de cierre, a veces, llevando con nosotros lo que a mí me parece media tienda (aunque en realidad, aún les dejamos bastante género). Las dependientas nos hacen la ola al marchar. Nos da por pensar que están contentas con la compra que hemos hecho. Si están contentas porque por fín nos vamos no es algo de lo que tengo constancia. De todas formas ya procuramos nosotros ir a sitios en los que hay dependientas con voluntad de servicio en lugar de bordes que miran más el reloj que el deseo del cliente.

Y entonces se siente (dentro de nuestras posibilidades) como Julia Roberts en Pretty Woman.

Oíd esto, hombres (supuestamente) de verdad. Haced honor a la elección que hicísteis y disfrutad de la compañia de vuestras mujeres también cuando vais de compras y no sólo cuando os sirven la cerveza, ante el televisor, los domingos de partido.

Proximamente: Cosi fan tutte.

martes, 22 de septiembre de 2009

67. Conciliación de la vida laboral y familiar.

Mucho se habla sobre la necesidad de conciliar la vida laboral y la familiar. Incluso de que el aparente incremento de la violencia infantil y juvenil tiene su origen en la imposibilidad de llevar a cabo esta conciliación. Así lo reflejé en una entrada anterior. Ver.

La ley 39/1999, de 5 de noviembre, a pesar de que fue presentada como la panacea tiene, en realidad, un alcance bastante limitado.

Las familias españolas, para conciliar la vida laboral y familiar, necesitan muchas cosas:

1. Necesitan guarderías próximas a los puestos de trabajo, a ser posible gratis o, al menos, a un precio razonable.
2. Necesitan que los colegios organicen actividades extraescolares antes y/o después de las clases o, en su defecto, proporcionen lugares aptos para el estudio y el juego.
3. Necesitan que existan lugares seguros donde sus hijos puedan jugar, a ser posible sin tráfico rodado, bandas de delincuentes, traficantes de droga, prostitutas o cualesquiera otras situaciones que puedan ponerles en peligro o servirles de escándalo.
4. Necesitan que las viviendas tengan un precio razonable, de modo que puedan decidir si será papá o mamá quien tomará un trabajo a tiempo parcial o quien, incluso, dejará de trabajar sin que por ello la hipoteca les agobie.
5. Necesitan tener la flexibilidad para cambiar de residencia si cambian de lugar de trabajo (si se hubiese fomentado el alquiler en lugar de la compra, probablemente este punto y el anterior serían un problema menor). Para ello, también necesitan:
5.1. que haya un porcentaje de plazas siempre disponible en los colegios para los desplazados.
5.2. que todos los pueblos y barrios de las ciudades tengan un nivel aceptable de limpieza, de seguridad y de servicios, de modo que no sea necesario abandonar el centro de las ciudades e irse a vivir a las afueras, evitando así tener que soportar diariamente un atasco de dos horas.
5.3. que todos los colegios del país, con independencia de si son públicos o privados, de si los alumnos son en su mayoría nacionales o extranjeros, acomodados o menesterosos, tengan un mínimo nivel de calidad y de seguridad.
6. Necesitan que la buena educación y el respeto sean la norma y no la excepción. En particular, necesitan que el derecho al descanso sea respetado.
7. Necesitan que los dineros públicos, procedentes de sus impuestos, se empleen en mejorar su nivel de vida y no se pierdan por el camino entre pitos, flautas y mangantes.

Que duda cabe que las familias españolas necesitan todas estas cosas (y alguna más que no se me ocurre ahora) para poder conciliar la vida laboral y familiar. Reconozco que la labor es titánica y que para acometerla haría falta otra clase política, y quizá, incluso, ciudadanos más responsables y más libres.

Pero mientras que se acometen esas reformas imprescindibles para hacer la vida de los españoles más llevadera, hay algo que se podría hacer inmediatamente y que conciliaría la vida laboral y familiar más que ninguna otra cosa: horarios de trabajo y de vida sostenibles.

Levantarse a las seis y media; dejar a los niños en la escuela entre las siete y media y las ocho de la mañana; empezar a trabajar entre las ocho y las ocho y media. Pausa de media hora a las doce (no dos horas), lo justo para despachar un bocadillo a las tripas y a las cuatro o cuatro y media a casa, que estará a no más de media hora del trabajo; de cinco a siete se juega con los niños y se supervisan los deberes y el progreso educativo de los mismos. A las siete se cena. A las siete y media se lleva a los niños a la cama con tiempo para leerles un cuento si son pequeños o que puedan escuchar música, o leer por su cuenta si ya son mozos. Y a las ocho, estando los niños ya dormidos, los papás ven el telediario, el programa de debates, la película del prime time, o leen un libro o charlan de cómo ha ido el día y de sus proyectos de futuro. Y a las diez se van a la cama, con tiempo, si se tercia, para hacer el amor, que eso, junto con la conversación anterior, concilia la vida familiar de puta madre, después de lo cual, ya bien conciliados, podrán conciliar (valga la redundancia) un sueño reparador, en noche plácida y silenciosa. Y al día siguiente, habiendo dormido ocho horas, se comerán el mundo.

Dejémonos de leyes de conciliación de la vida laboral y familiar. Es mejor un horario decente y buenas costumbres, como los de ese mundo civilizado al que queremos pertenecer sin pagar el precio, y no hablo de dinero, que cuesta la civilización.

lunes, 21 de septiembre de 2009

66. Lecciones de deportividad.

Andaba yo preocupado por la posibilidad de que mi hija se desinflase en la primera derrota en lo del hockey y entonces me acordé de un partido que jugó el Cisneros en liga universitaria de rugby contra la escuela de Óptica. Fue el último año que jugamos juntos colegios mayores y facultades en liga. Creo que ganamos por más de cien puntos a cero. Los "opticos" al terminar el partido cantaron una canción cuyo estribillo era "Yoví, yová, cada día nos meten más, yoví, yoví, yoví, yova" a ritmo de rumba. Tenían ellos más gracia perdiendo que nosotros ganando.

Entonces me senté al piano con el objetivo de no parar hasta que tuviera una canción para cantar en días de derrota. Una semana después tenía un himno con letra y música que llevé al campo para presentarlo en sociedad. La música era alegre, la letra, escrita en holandés era épica: "Las ardillas de Orange, somos el equipo más fino, el orgullo de nuestros padres y el futuro del club. Somos las más valientes, peleamos hasta el final, lo que no quiere decir que siempre tengamos que ganar".

En el campo, nos enfrentamos al primer equipo de Park. Las niñas de Park tenían mejor preparación física y mejor técnica que nuestras niñas. Nada más empezar nos marcaron un gol y las ardillitas de Orange se vinieron abajo. Una de ellas se echó a llorar porque el entrenador la quería poner en la defensa y dijo que no quería seguir jugando. Su madre, holandesa ella, le dijo que dejara de llorar que jugase donde el entrenador dijera. Un poco después mi hija C.M. cayó al suelo y se hizo daño en una rodilla. Esto podía suponer un problema. Nuestro banquillo estaba en Eurodisney. Si C.M. no se podía incorporar, perdíamos el partido. Una vez curada, C.M. se puso en pie y siguió jugando. Las ardillitas de Orange se envalentonaron y con un juego poco vistoso pero eficaz, marcaron seis goles seguidos. Terminó el primer tiempo y estaban agotadas. En la reanudación, Park aprovechó su superioridad física (tenían además reservas) y técnica. Una de las jugadoras de Park destacaba especialmente y su juego rápido y preciso volvió locas a nuestras defensas. Nos metieron cinco goles seguidos en menos de cinco minutos. C.M. cojeaba y apenas podía sostenerse en pie por lo que no bajaba a defender. Con el empate a seis, Park estaba lanzado, todas las jugadoras incluso la portera estaban en nuestro campo.

- "Tengo un truco", me dijo C.M. y se puso de portera en la portería contraria.
- "¿Une nouveau tactique?" me preguntó riéndo uno de los animadores de Parc.
- "Yo creo que es simple agotamiento", le contesté.

Las otras naranjitas como decía el entrenador de Lepe "atrás y aguantá". Nuestra portera empezó a pararlo todo. A la jugadora de Parc de la que he hablado antes le empezó a fallar el fuelle (al final del partido nos enteramos de que había recibido una "guantá" en el abdomen que nadie vió. La niña, valiente, no dijo nada a nadie). Nuestro equipo, acosado por el contrario que no paraba de atacar sacaba pelotas fuera como podía. Y de vez en cuando, el contrataque hallaba a C.M. (y su "tactique") sola ante el portero contrario, a veces, incluso sin portero. De haber tenido más ánimo y suerte podría haber metido siete u ocho goles. Sólamente fueron tres. La "tactique" obligó a Parc a cejar en su acoso a nuestra portería y a retrasar sus líneas. El partido terminó con 10 a 7 para nuestro equipo.

El tercer equipo de Ardillas de Orange, no son las mejores técnicamente, no están muy en forma, tienen todas seis años y se enfrentan a equipos en los que hay jugadoras con siete años. Parecen tenerlo todo en contra, pero han ganado su dos primeros partidos, marcando 10 goles en los dos. Yo creo que el secreto está en que juegan como un equipo y tienen carácter.

- "Vaya", le dije a C.M., "parece que voy a tener que guardar la canción para otra ocasión".
- "¿Que canción, papá?.
- "Una que he escrito para alegrarnos cuando perdamos".

Y C.M., esbozando media sonrisa:

- "Mira que estás tonto, papá. No me digas que te vas a poner triste porque perdamos. ¿Tú no sabes que nosotros jugamos a hockey para divertirnos?".

Me quedé sin habla. Las jugadoras de Park caminaban hacia el aparcamiento después de la derrota cantando "On va jouer, on va rigoler, on va jouer, on va rigoler". (Trad. Vamos a jugar, vamos a reir).

Estas niñas juegan en la primera división de la deportividad. Yo estoy todavía en regional preferente.

Próxima entrada: Conciliación de la vida laboral y familiar.

domingo, 20 de septiembre de 2009

65. Quisiera conocerla mejor, señora.

Hacía algunos meses que había visto por primera vez la película "The Secret". Se me quedó en la cabeza la historia que el Universo es como el genio de Aladino, es decir, un genio omnipresente que escucha nuestros pensamientos y que reacciona siempre diciendo:

- "Your wish is my command", que podríamos traducir por "tus deseos son órdenes para mí".

A la salida de la escuela de mi hija C.M., me encontré de frente con la mamá de una de sus compañeras que está, como diría mi padre, "muy rícamente hecha". Mirándola pensé: "quisiera conocerla mejor, señora". Y entonces el genio dijo:

- "Your wish is my command".

Es realmente sorprendente lo rápido que puede funcionar esto de pedir cosas al Universo. Al día siguiente, llegaba un poco tarde a llevar a C.M. al colegio. Tenía prisa y la prisa es mala consejera. Había un camión mal estacionado por lo que la maniobra de estacionamiento era complicada y, al recular, impacté con un todo terreno, propiedad de la señora que quería conocer mejor.

Ayer, mirando a otra mamá, morena con ojos verdes, que me sonríe amablemente (con dos filas de dientes níveos) siempre que nos cruzamos, pensé que si el Universo quiere ponerla en mi camino me parece bien, pero que no seré yo quien lo pida. Que al fin y al cabo a mí, en mi casa, no me falta de nada y no vaya a ser que, otra vez, el genio a la escucha no sea el de Aladino sino el de la mala leche y ya tenemos el lío formado.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Hockey sobre hierba

Ayer recibí una llamada de la responsable de los "eekhoorntjes" (ardillitas) del Hockey and Tennis Vereniging Oranje (el club de hockey al que pertenece mi hija). La responsable estaba molesta conmigo porque mi hija no había acudido al primer entrenamiento. Se preguntaba si mi hija iba a continuar con eso del hockey en la temporada 2009-2010, porque mi hija estaba en uno de los equipos y era importante saberlo porque si no no podían formar equipo y bla-bla. El chantaje emocional típico, vaya. Le contesté que no tenía ni idea de que mi hija estaba en un equipo (el año pasado sólo había acudido a los entrenamientos, pero sin jugar partidos) y que nadie me había informado de cuando comenzaban los entrenamientos, de ahí que no hubiese acudido. Me contestó que eso es imposible porque se ha enviado un e-mail a todos los padres. También me dijo que mañana tendría un partido.

Mí hija se apuntó a eso del hockey porque una de sus compañeritas de clase lo practicaba. Otras hacían ballet. Entre el "papá, yo también quiero ballet" y el "mamá, yo también quiero hockey", su madre y yo nos quedamos con el hockey que nos pillaba más a mano de casa. Después de que descubrió que su compañerita de clase como llevaba ya un año practicando, y por venir de una familia donde el hockey es tradición, (en la mía lo más parecido al hockey que habíamos practicado fue golpear piedras con un palo) jugaba ya en un equipo mientras ella tenía que conformarse con entrenar, se desinfló un poco y le apetecía este año lo del hockey como comerse una mierda.

Miré mi cuenta de correo por si se me había colado el mensaje...nada. Miré la web del club y allí estaba el horario de los partidos. Pero todavía no sabía en qué equipo estaba mi hija. Consulté los equipos y el nombre de mi hija no aparecía por ninguna parte. Lo único que pude ver fue que el primer partido empezaba a las ocho y media de la mañana.

El sábado a las ocho estaba yo en el club, con mi hija de la mano (quien tenía la actitud de "pues como no juegues tu"). Nadie sabía nada. Allí habían muchos padres que no habían recibido mensaje alguno. Todos educadamente confusos, todos educadamente contrariados. Cabreados no había, que esto del hockey es de gente bien. Y yo, entretanto, temiendo que mi hija perteneciese a un equipo de los que jugaba fuera. Ya me veía yo volando por la autopista en dirección a Lieja, o a Waterloo, o a Wavre o Amberes. Cuando por fín encontré a la persona que me había llamado ayer y pude averiguar en que equipo estaba mi hija resultó que estaba en el único equipo que no jugaba hoy. ¡Toma castaña!

Aquello le dió a mi hija la puntilla. Ahora sí que no quería ni oír hablar de hockey. "¿Quizás quieres quedarte a entrenar con los reservas de otro equipo?, propuso la señora. -"Una mierda" contestó, afortunadamente, en español. - "¿Que dice? - "Que no le apetece" (traduje, piadosamente). - "Otro día entonces".

Estaba a punto de decirle que mi hija no quería volver nunca más, cuando la señora, agachándose hasta la altura de mi hija le propuso ver la nueva equipación del equipo. Eso, tengo que reconocer, fue muy listo de su parte.

Fuimos al almacén del club, junto a la cantina, y cuando mi hija vió las equipaciones...se enamoró. Tengo que decir que es una equipación preciosa: camiseta de color naranja y azul marino a cuarterones, una faldita negra que tiene por debajo un pantaloncillo para no dejar nada a la vista durante la carrera y medias a juego. Setenta y dos euros de nada.

Y mi hija, que tiene sangre holandesa (y castellana) en las venas: - "Pero, eso es muy caro".

Yo, que no esperaba comprar nada más que algún refresco después del partido, no tenía bastante, por lo que tuve que ir al centro del pueblo a buscar dinero en un cajero. Mi hija, ya vestida con su nueva equipación, se quedó jugando con una amiguita.

Cuando regresé, ví que la responsable, hablando con un grupo de personas, me apuntaba con el dedo. - "Éste, éste es".
- "Coño", pensé, "tampoco he tardado tanto como para que ya le haya contado a todo el mundo que debo dinero".
- "Señor, estas son las madres de las niñas de un equipo de la categoría de su hija. Les falta un jugador y me pregunto si su hija querría jugar con ellas".
Yo ví el cielo abierto: - "Claro que sí", voy a buscarla y regreso con ella"

Más fácil dicho que hecho. Porque allí habían cientos de niños, todos vestidos igual, repartidos por una extensión de 4 hectáreas. Cuando finalmente la encontré, empezó a remolonear.

-"Mira tesoro, hay un equipo que no puede jugar porque les falta un jugador, ¿querrías ayudarles?"
(Hace unos días que me dijo que de mayor quería ayudar a los demás).
- Bueeeeno.

Jugó durante media hora el partido más emocionante (para mí) que jamás he visto. Suplió con entusiasmo la falta de técnica. Ella sacó todos los saques de centro (que fueron muchos porque en el 6-0 en contra ya perdí la cuenta) y estuvo a punto de marcar un gol.

Al terminar el partido yo estaba exultante. Una de las madres me preguntó por qué estaba tan contento si habíamos perdido.
- "Hace media hora", contesté, "mi hija no quería ni oír hablar de hockey. Ahora ha terminado su primer partido, ha ayudado a un equipo a jugar y se siente importante por ello. Para mí, eso es una victoria".
- "Pues tiene usted razón".

Quien sabe, a lo mejor acaba jugando con la selección holandesa (o la española).

jueves, 3 de septiembre de 2009

41. Rodríguez, el sindicalista.

En uno de mis primeros trabajos conocí a Rodríguez. Rodríguez se autoproclamaba de izquierdas ("pero de izquierdas de verdad no como estos maricones de socialistas") y sindicalista. Era un trabajador pulcro e impecable en su trabajo. Su mesa siempre limpia y ordenada. Completaba su trabajo cada día (y no porque fuera poco) y después se brindaba a ayudar a los compañeros. En una ocasión, mientras yo peleaba con el caos que se acumulaba en mi mesa me dí cuenta que estaba mirándome, con la mano sobre la boca y rostro serio.

- ¿Sabes cuál es tu problema compañero?
- ¿?
- Tu problema no es que no te esfuerces sino que no sabes trabajar porque nadie te ha enseñado.

Y se sentó conmigo la última hora de su jornada laboral y me enseñó cómo hacer mi trabajo eficientemente.

Tras unos días de repetirse esto el jefe de la oficina se acercó a nosotros:

- "Rodríguez ¿que haces que no estás en tu mesa haciéndo tu trabajo?"
- "Mi trabajo está terminado, como cada día".
- "¿Y qué haces entonces?"
- "Estoy enseñando a este chaval a trabajar, que es lo que tú tendrías que estar haciendo".
- "No me toques los huevos, no me toques los huevos", respondió el jefe marchándose a su despacho (demostrando que Rodríguez tenía razón).

Aquí vino un silencio espeso, tenso, que Rodríguez rompió para decirle al cuello de su camisa:

- Claro que para eso, primero tendrías que aprender tú.

En otra ocasión me dijo:

- "Aprende deprisa, chaval, y trabaja duro, porque si algún día te tienen que echar de la empresa, que no te echen como un gilipollas inútil". Ante mis protestas por sus palabras me respondió:

- "Mira chaval, yo soy sindicalista y como tal hay dos cosas que no puedo ver: la primera que un jefe o un empresario abuse de un trabajador, porque eso perjudica a ese trabajador; la otra, que un trabajador haga mal su trabajo, porque eso nos perjudica a todos los trabajadores".

Rodríguez hablaba con frecuencia del orgullo que el trabajador siente por el trabajo bien hecho.
Lo último que supe de él es que le habían nombrado jefe de departamento en una importante compañia de seguros, muy cerca de su domicilio. Después perdí su pista y no volví a saber de él.

Además de hacer bien su trabajo y de no tener pelos en la lengua, Rodríguez era un hombre alegre y solidario. Guardo de él un entrañable recuerdo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Y mañana, al cole

Mi hija mayor comienza mañana el segundo curso de la enseñanza básica. Ha pasado un verano estupendo, repartiendo sus vacaciones entre cuatro países distintos: Países Bajos, Bélgica, Francia y España. No ha dado un "palo al agua" en todo el verano. Pero se lo ha pasado de miedo, viviendo en entornos muy distintos, con cuatro idiomas distintos (porque también ha estudiado inglés en España), con gentes muy distintas. Mi hija ha tenido un verano como ni su madre ni yo hemos tenido en toda nuestra vida.

- "Y papá, ¿sabes qué?: ¡todos querían jugar conmigo!".

Y mañana, otra vez a la disciplina. A levantarse a las siete de la mañana y a escuchar a una profesora estresada durante seis horas al día. Y a hacer los deberes al llegar a casa, y a hacer ballet y hockey y a comer con arreglo a un menú escueto y a dormir a buena hora.

Y papá también, a Dios gracias.

viernes, 28 de agosto de 2009

Niñas, a recoger.

En la revista De Bond que es la revista de Gezinsbond (la Asociación de Padres de Flandes) se puede leer en su número 16 de este año el siguiente chiste.

Una madre se asoma a la habitación donde juegan sus hijas:

- Niñas, ya va siendo hora de recoger.
- ¿A cambio de qué? ¿De un helado? ¿De un caramelo? ¿De una muñeca nueva?
- A cambio de un beso, dice mamá.
- Mecachis con la crisis, responde la niña.

A ver si la crisis también va a traer cosas buenas.