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martes, 17 de julio de 2012

259. Los espontáneos de la AUME.

La idea de la espontaneidad de la convocatoria de manifestaciones (pio, pio, que yo no he sido, que ha sido una convocatoria espontánea por sms) apareció con fuerza el día 13 de Marzo de 2004, cuando en plena jornada de reflexión, miles de personas se concentraron frente a numerosas sedes del Partido Popular, exigiendo información sobre los atentados. Esta situación se pone como ejemplo del primer caso significativo de la utilización del SMS como medio de movilización popular.

Hoy leo las siguientes frases en el foro de AUME (Asociación Unificada de Militares Españoles) como reacciones a este comunicado de la asociación.

"Si los militares están para defender a la Patria, ¿por qué no deberían defenderla de corruptos, economistas extranjeros, especuladores y de un gobierno que ha renunciado a gran parte de la soberanía del pueblo para dársela al eje Bruselas-Frankfurt-Berlín?".

"Preferiría estar gobernado por un militar y no por la pandilla de mangantes y sirvergüenzas que tenemos en la actualidad, me da igual el color político, cuando llegan al poder se convierten todos en lo mismo."

"Es una grata sorpresa ver como, al menos, parte del estamento militar se empieza a dar cuenta de la situación. Un control más estrecho en la función pública económica y la militar sobre la clase política en forma de pinza, podría dar un giro inesperado a esta vergonzosa y cruel infamia a la que estos psicópatas nos están llevando. Quizás va siendo hora de empezarse a organizarse..."

"Yo no soy funcionaria ni militar, pero estoy dispuesta a ir a las barricadas con vosotros, que defendéis el pais, que os sacrificáis."

"Fuera politicos. Hay que buscar nuevos líderes que nos devuelvan la ilusión perdida. Ánimo compañero. Al ataque AUME"

Leyendo estos comentario se me ocurre pensar: ¿Se llegará a convocar una "asonada militar espontánea", a imagen y semejanza de las "manifestaciones espontáneas", a través de las redes sociales?

Hay dos circunstancias que están reproduciendo el ambiente previo a un fenómeno semejante, que puede tener consecuencias muy serias: 1. La descalificación del adversario para convertirlo en un enemigo despreciable (ver palabras en color rojo) que hay que eliminar. 2. La existencia de llamamientos a una determinada acción, que he marcado en negrita, que excede las competencias del Ejército. Con dicho ambiente, ¿a quien le extrañaría que un lema pegadizo en plan: "de golpe, el futuro es nuestro" pudiera ser "trend topic" entre personas vestidas de kaki.

El comunicado de AUME está hecho con el propósito de reivindicar los derechos de los militares, pero está claro que es muy fácil, como muestran los mensajes que he transcrito, que determinados militares, especialmente los más jóvenes, interpreten incorrectamente dicho comunicado y lleguen a conclusiones que nada tienen que ver con la intención de la AUME.

Y que personas que disponen de armas (pagadas, por cierto, por todos los españoles) y que han sido entrenados para usarlas eficazmente (también con el dinero todos los españoles) lleguen, por imprudencia o mala fe de algunos, a conclusiones incorrectas, puede ser extremadamente peligroso para la democracia.

La AUME debería preocuparse de comprobar que su mensaje está siendo captado correctamente por las personas que lo reciben y que no hay un "ruido" (de sables) en la comunicación que pueda hacer que los receptores del mensaje entiendan lo que no se ha dicho

Que como decía el cabo primero que se encargó de mi instrucción militar: "las armas las carga el diablo y las dispara cualquier gilipollas".

Y las redes sociales, idem.

P.D.:

Este comentario se me había pasado, pero demuestra la frivolidad con que se tontea con el golpe de estado: "Ánimo, cada vez somos más y a estos energúmenos se les va a acabar el chollo. Unos cuantos tanques delante de Génova y de Moncloa y al burro del presidente se le caen los calzoncillos. Por un gobierno para el pueblo y por un ejército que nos defienda. Menos Afganistán y más lucha en Españistan. Coño!".

viernes, 4 de diciembre de 2009

127. ¡Un adolescente! ¡Que miedo!

Esta entrada contiene lenguaje adulto.

Dice Peter Adriaenssens que "es el trabajo de los padres el dar a sus hijos ciertas normas y ciertos valores. Y como todos los trabajos, no ofrece resultados inmediatamente. Pero no intentes empezar cuando tu hijo tiene catorce años porque entonces ya es tarde".

Ya. Otro inventor de la pólvora. Y, sin embargo, parece que el número de padres que no se ha enterado de esta verdad de perogrullo es tan alto que ya ha surgido la primera generación de padres que tienen MIEDO de los adolescentes. Los adultos se sienten impotentes hasta el punto de que algunos solicitan la intervención de la administración o de los jueces para que se hagan cargo de sus hijos, "porque no pueden con ellos". El cabo de la Guardia Civil de mi pueblo, que no llega a los sietemil habitantes me dijo en una ocasión que había dado curso desde que estaba en el puesto a más de cien denuncias de hijos hacia sus padres por los más variopintos motivos. ¿Son los hombres y mujeres de mi pueblo tan poco razonables o tan violentos con sus hijos?.

Y este miedo de los padres a sus hijos se ha contagiado a toda la sociedad. Un chaval de catorce años se puede subir a un tren sin pagar, poner la música a todo volumen y darle un puñetazo al revisor que intenta cobrarle y los adultos presentes lo verán y mirarán para otro lado. Mi abuelo y mi padre no lo habrían consentido jamás. Pero es que mi abuelo hizo la guerra civil y quizá se habría alistado en la División Azul ("voluntario, a la fuerza", que decía mi tío H. que sí fue a la Unión Soviética) si no hubiera tenido que cuidar de cinco viudas y doce huérfanos y mi padre la mili en África en un cuerpo de élite. ¿Era por eso? ¿O se trataba de otra cosa?.

Las situación de los adolescentes puede cambiar siempre y cuando asumamos nuestra responsabilidad como adultos y demos ejemplo, tengamos comprensión y seamos valientes y educados.

1. Dar ejemplo. Porque es muy difícil pedir a un adolescente que se comporte si:

-  sus padres con dos copas, o conduciendo un coche (o conduciendo un coche con dos copas) se comportan como gamberros.
- para corregirlo, tratamos al adolescente con desprecio o lo insultamos en plan: "Oye, niñato capullo, ¿bajas la música de una puta vez?". Incluso yo, a mis cuarenta y dos años, me pondría desafiante.

2. Comprensión. Porque aunque tenemos la idea de que un adolesctente de quince o dieciséis años porque mide más de un metro ochenta y pesa noventa kilos ya es un adulto, en realidad esto no es así.  No todo el cerebro está desarrollado en la misma manera: la zona que controla el comportamiento impulsivo y que envía reacciones inestables es mucho más poderosa que la zona que produce sabios razonamientos (en muchos, este equilibrio de fuerzas se mantiene bien pasada la treintena). Eso sí, comprender no significa tolerar. Por la misma razón que comprendemos lo divertido que puede ser para un niño tirar al suelo un jarrón para ver como se desintegra pero no se lo permitimos, igualmente el entender lo poderoso que se puede sentir un adolescente que amenaza a un profesor o lo dificil de controlar que es el impulso hormonal que lleva a intentar forzar a una compañera a tener sexo, no nos puede llevar a consentirlo.

3. Ser valientes y educados. Si nos sentimos impotentes o tenemos miedo esto genera también miedo en nuestros adolescentes. ¿O no tendrías miedo tú, como adulto, de una sociedad en que quien tiene que poner orden, tuviera miedo? Una palabra amable, dicha con respeto, pero con firmeza y sin temor, puede ir más lejos que una regañina mezclada con insultos, que deja entrever que levantas la voz para asustar a tu propio miedo. En esto, el modelo es el de Mahatma Gandhi. No puedo decir que Gandhi no tuviera miedo, es que morir le daba menos miedo que vivir bajo la represión. Otro tanto podemos pensar los adultos en esta relación con nuestros adolescentes. La tiranía actual de los adolescentes es tan intolerable como la tiranía del Imperio Británico sobre la India.

Y la solución es la misma.

lunes, 23 de noviembre de 2009

120. Entender y prevenir la violencia infantil: Conclusión.


La violencia no es una enfermedad genética o una situación incontrolable en la que nada se puede hacer. La violencia se mama, se aprende y se practica desde la cuna. Todos o casi todos los factores que hacen que un niño acabe utilizando o sufriendo violencia son controlables por los adultos. Sin embargo, es un reto contínuo enseñar a un niño a alcanzar su objetivos in recurrir a la violencia. Y como todos los retos, no es imposible, pero no es fácil.

Muchas personas están implicadas en la educación de los niños y los niños se ven influidos por muchos factores, acontecimientos y personas, pero ningún padre puede utilizar esto como excusa para su falta de constancia: la responsabilidad de la creación de niños que se atrevan a mostrar sus ideas, sus pensamientos y sus sentimientos y a resolvers sus problemas de forma asertiva sin utilizar ni permitir (ni sufrir) violencia es fundamentalmente de los padres. Los padres tienen que crear la situación en la que sus hijos puedan ganar de forma pacífica. Los padres, para ello, pueden hacer uso de ayudas tales como profesores, mentores, psicólogos, médicos...etc), pero, al final, la presencia o la ausencia de estas ayudas no constituyen ninguna excusa para que los padres no hagan su trabajo. 

Muchos padres se preparan mejor para obtener el permiso de conducir o incluso para la vacaciones anuales que para educar a sus hijos. Los niños necesitan el coraje de sus padres para reaccionar frente a las vicisitudes de la vida. Al final, el éxito de la educación de los niños reside en que padres e hijos trabajen como un equipo en lugar de pelearse entre ellos. En esto no vale decir "he hecho lo que he podido": los niños y los padres tienen que hacer todo lo necesario para evitar la violencia. El trabajo es enorme pero la recompensa es aún mayor: una vida de disfrute, orgullo y paz para usted y sus hijos.

Fuentes:


Harris L. Couter, Barbara Loe Fischer, “A Shot in The Dark”. 1991 Avery, Penguin Group (USA) Inc.

Lucille Glicklich-Rosenberg M.D. “Violence and Children: A Public Health Issue”. Psychiatric Times March 1996 Vol. XIII Issue 3.

The American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP). Understanding Violent Behaviour In Children and Adolescents” No. 55; Updated March 2001
Russell L. Blaylock, M.D. “Excitoxinen. The taste that kills”. Heath Press 1997.

Glenn Doman. “How to teach your baby...” series. The Beter Baby Press 1998.

John P. Murray, Ph.D. “Tv violence and Brainmapping in children”.

William Arntz, Betsy Chasse, Mark Vicente. “What the Bleep do we know”

miércoles, 18 de noviembre de 2009

117. Entender y prevenir la violencia infantil: los medios de comunicación de masas

Es de dominio público que el ser víctima o testigo de la violencia hace más probable un futuro en el que exista la violencia. Los medios de comunicación (periódicos, revistas, televisión, internet y también las películas y los videojuegos) nos convierten en testigos de numerosos actos violentos de los que no conoceríamos si no fuera por estos medios. ¿Pero hasta que punto estos hechos violentos (en ocasiones irreales o simulados) pueden tener influencia en nuestros hijos?


Para la mente aún no formada y carente de referencias y de experiencia de los niños (y también para algunos adultos, que lo son por su edad cronológica pero no por la mental) no hay gran diferencia entre un hecho real y uno simulado. Estudios de comportamiento muestran que para el cerebro no existe ninguna diferencia entre la realización de un hecho y su visualización: las zonas del cerebro que se estimulan son exactamente las mismas. Por eso, para el cerebro, no hay ninguna diferencia entre ser testigo de un hecho real, ver ese mismo hecho en un programa de televisión o jugar a que lo haces en un videojuego. Por ejemplo, alguien que ve en un película o en la television una pelea de boxeo o de karate no puede quedarse impasible. Inmediatamente siente la necesidad de realizar movimiento rápidos y agresivos.

La visualización contínua de violencia en los medios de comunicación de masas tiene tres consecuencias que son tan peligrosas como la violencia porque son deformaciones grotescas de la realidad de la violencia:


- La banalización de la violencia.
- La idealización de la violencia y la sensación de inmunidad.
- El síndrome del "mundo malvado".


1. La banalización de la violencia.


Si un niño ve violencia en los medios, es posible que piense que la violencia es algo normal, incluso aunque viva en un entorno en el que la violencia no existe.


2. La idealización de la violencia y la sensación de inmunidad.


Los medios de comunicación de masas idealizan con frecuencia la violencia. Los actos violentos son mostrados con frecuencia como muestras de valor. En el caso de los videojuegos es aún peor: la mayoría tienen un contenido muy violento y normalmente la destrucción violenta del contrario es condición "sine qua non" para pasar al siguiente nivel.


Además es normal ver en los medios actos violentos que no tienen ninguna consecuencia para el agresor. La observación de comportamientos violentos que no son castigados, pueden llevar a los niños a imitar estos comportamientos violentos.

3. El mundo malvado.

La visualización contínua de violencia en los medios de comunicación de masas llevar a que se produzca el "síndrome del mundo malvado". El "sindrome del mundo malvado" es una situación en que el niño sobreestima el peligro real al que se pueden enfrentar en su mundo, tiene un sentimiento de temor que su entorno normal no justifica y, por lo tanto, tiene una tendencia a la agresividad incluso aunque viva en un entorno pacífico en el que la violencia no es un hecho habitual, mucho más si vive ya en un mundo violento. Este síndrome, ocasionado por la visualización de demasiada violencia en los medios de comunicación de masas, no es exclusivo de los niños: los adultos también sienten un miedo excesivo y lo transmiten a los niños en lugar de darles consejo para tomar medidas prácticas para evitar la violencia.


Si hay que ver violencia, por lo menos que sea para echar unas risas:


Terminator Jesus