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sábado, 17 de septiembre de 2011

211. Lecciones de educación sexual.

- Mamá, supongo que tú sabes como se hacen los niños, ¿no? (interesante pregunta para hacérsela a tu madre).

Y antes de la que la mamá responda, la niña continúa...


- Pues se hacen así. El chico se mete con la chica en la cama, los dos desnudos y entonces....


Y la niña continúa con una precisión de detalles que roza lo pornográfico. La mamá absolutamente chocada por lo que está oyendo de su hija de ocho años, le pregunta donde ha aprendido todo eso.


- Me lo ha contado mi amiga L.


Al día siguiente el papá de nuestra niña se encuentra con la mamá de L. a la salida de la escuela y, aguantándose la indignación típica de padre reprimido, le cuenta lo acontecido.


- Sí, mi hija lo sabe desde que tenía dos años. Una noche se quedó a dormir en casa de una compañerita de clase y la hermana mayor, de cuatro años, se lo contó todo.


Nunca he contado mentiras a mi hija sobre la reproducción. Nada de que los niños vienen de París o que nacen de una flor (más que nada por miedo a que me dijera eso del chiste: "Es que esta casa no ha habido un parto normal), pero me hubiera gustado ser yo quien le contara las maravillas de la reproducción sexual, a mi manera y cuando yo considerase que era el momento. Pero parece que hay padres que tienen miedo de que otros niños se burlen de sus hijos por no saber esas cosas importantes como que los Reyes Magos y San Nicolás son los padres, que el Ratón Pérez y el Hada de los dientes son seres imaginarios y claro está, consideran normal contar a una niña de cuatro años que los niños se hacen metiendo en la vagina de la señora el pene del señor, el cual, tras algunos movimientos de adelante a atras, deja salir unas células en el interior de la vagina de la señora que alcanzan otras células que ya estaban dentro que crecen hasta formar un niño que vuelve a salir por la vagina. Hala, ya lo he dicho.



Y mi hija, que aún cree que San Nicolás es quien le trae los regalos el 5 de diciembre y que aún no sabe operar con quebrados, conoce con increíble precisión los misterios del sexo. Vamos, que ya está preparada para la vida.


Y para rematar la faena, mi niña de cuatro años vuelve de la feria del pueblo y me pregunta: ¿Papá, que quiere decir "sexy"? Parece ser que King Africa está rompiendo la pana en las ferias de los pueblos de Bélgica.


Me estoy haciendo mayor.

lunes, 12 de abril de 2010

179. La mirada.

Mis mellizas aprenden a controlar sus esfínteres como antes aprendieron a andar y antes a gatear: bajo la atenta mirada de sus padres que no hacen otra cosa que disfrutar de sus logros y alentarles después de cada fracaso con la absoluta seguridad de que, al final, todo irá bien.

En la educación, esta mirada es fundamental. Una canguro puede vigilarles, un maestro puede enseñarles, un animador puede entretenerles pero mirar a los niños con esa mirada que les dice "tengo la absoluta confianza de que, por muy difícil que parezca, por muchas veces que fracases y por muy dura que parezca cada caída, lo vas a conseguir" es una de las pocas cosas que solamente un padre o una madre puede hacer.

Mantener esa mirada es fácil cuando aprenden a andar, cuando montan por primera vez en bicicleta, cuando hacen pis en su orinal por primera vez...pero mantenere esa mirada de absoluta confianza hasta que alcanzan su edad adulta y aún después, especialmente cuando llega la adolescencia y parece, de repente, que te has vuelto gilipollas (o se han vuelto gilipollas ellos) y no entiendes nada, es muy difícil.

Sin embargo, es precisamente en ese momento cuando esa mirada es más importante. Cuando has dejado de ser Supermán y tus hijos buscan nuevas referencias, hay que seguir mirándoles igual, celebrando sus éxitos y animándoles en sus caídas. Cuando tu hija invita al chico que le gusta a su cumpleaños y delante de sus narices se besa con su mejor amiga. Cuando el instituto parece un supermercado de drogas. Cuando suspenden hasta la Formación para la Ciudadanía. Cuando alguien les ignora, o les chantajea, o les insulta o les intenta forzar a hacer lo que no quieren hacer...

Y enseñarles a mirarse a sí mismos como tú les miras: con la completa seguridad de que, por muy duro que sea el camino, lo van a conseguir. Para cuando tú estés lejos, o para cuando tú faltes. Para que, cuando sólo cuenten consigo mismos, también sientan esa mirada que les dice: confía, lo vas a conseguir.

No hay obligación más importante que mantener esa...mirada.

Con mi agradecimiento a Neil Fiore.

lunes, 22 de marzo de 2010

175. Hablando de sexo: ¿Quien le pone el cascabel al gato?

Esta entrada y sus comentarios, contienen lenguaje adulto.


Era un motivo de preocupación, la niña. Bueno no tan niña. Porque la niña tenía ya dos tallas de sujetador más que su madre, perdonen ustedes la forma de señalar. El caso es que la niña ya tenía novio: un chico alto y desgarbado, con muchos granos en su "cara de salido", en palabras del padre.

La familia se reunió: los padres, los abuelos, una tía soltera. Hasta los hermanos mayores fueron invitados a dar su opinión sobre qué hacer con la niña. Se discutió el tema y se llegó a la discusión de que había que hablar a la niña de que debería tomar precauciones y después acompañarla al médico para que se le recomendase la mejor opción.  Todos se pusieron muy contentos por haber llegado a la solución más adecuada....y entonces el abuelo paterno hizo la pregunta:

- Vale, ¿y quien...?

El otro abuelo sopló, inflando mucho los carrillos. "Yo de eso, no entiendo" dijo el padre. "Yo creo que mejor discutirlo entre mujeres" dijo la abuela paterna. "Eso" dijo la tía soltera.  "A mí no me va a hacer caso", dijo la madre, "basta con que lo diga yo para que haga lo contrario". Los hermanos se miraron entre sí y luego hacia el techo, sonrojándose. Al final se llegó a la conclusión de que la persona con que la niña tenía más confianza era la abuela materna, porque la niña solía ir  los miércoles al salir de clase a tomar café con pastas con ella, (aunque a todos decían que tomaban chocolate).

Y la abuela materna,  se tragó sus profundas convicciones cristianas y al siguiente miércoles por la tarde, sin olvidarse de decirle a la niña, que sus convicciones cristianas le dictaban que no se debería tener sexo antes del matrimonio, le habló de las "precauciones" y la convenció para que fueran juntas al médico, quien decidió que puesto que la niña parecía tener pareja estable, la mejor opción era la píldora anticonceptiva.

La niña creció y se hizo una mujer pero siguió acudiendo a su cita de los miércoles por la tarde a tomar café (ya sin ocultarlo) con pastas con la abuela. Y las dos mujeres, con cincuenta años de diferencia, entre ellas, charlaron como amigas sobre cosas simples y cosas complicadas, sobre cosas importantes y cosas triviales,  hasta el día  en que la abuela murió un año después de que su nieta acabara la carrera de Psicología. Y todos esos años, cada miércoles, al despedirse, la abuela le dijo,  con una sonrisa en los labios y un nudo en el estómago: "Y no te olvides de la pastillita".

No está claro quien tiene que hablar a los niños de sexo, si la familia o la escuela (yo creo que la familia, pero es una opinión),  pero lo que sí está claro es que ese gato tiene que tener un cascabel.

Y cuanto antes, mejor.

jueves, 11 de marzo de 2010

169. Free: Libre y gratuíto

Haciendo una pequeña lectura de la prensa de  hoy encuentro la palabra gratis por todas partes: Educación gratuita, pensiones no contributivas (o sea, gratis), sanidad gratuita, autopistas gratuítas, aborto gratis, despido gratis, sexo gratis, afirmaciones gratuitas y delitos que salen gratis a quien los comet.
 
Hoy hice un pequeño experimento con Google.

Yo tenía el convencimiento de que la palabra "sex" sería la que más resultados obtendría en una búsqueda en Google, pero ¡oh sorpresa!:

"Sex" 554.000.000 resultados en 0,10 segundos.
"Free" 2.800.000.000 resultados en 0,10 segundos.

La palabra "free" se encuentra 5,05 veces más que la palabra "sex".

Entonces me di cuenta que en inglés "free" no sólo significa "gratis" sino también "libre". Es posible que muchos hablantes de la lengua inglesa acudan a internet en busca de libertad.

Así que repetí el pequeño experimento en español:

"Sexo" 84.000.000 resultados en 0,11 segundos.
"Gratis" 441.000.000 resultados en 0,10 segundos.

La palabra "gratis" se encuentra 5,25 veces más que la palabra "sexo".

Y en español, gratis es gratis, o sea, sin pagar.

¿Debo llegar a la conclusión de que recibir algo gratis nos gusta a los hispanohablantes ¡5,25! veces más que el sexo?


Lo que yo no entiendo es como en inglés libre y gratis son la misma palabra: free. Yo creo que la libertad es de las cosas más caras que existe.

viernes, 4 de diciembre de 2009

127. ¡Un adolescente! ¡Que miedo!

Esta entrada contiene lenguaje adulto.

Dice Peter Adriaenssens que "es el trabajo de los padres el dar a sus hijos ciertas normas y ciertos valores. Y como todos los trabajos, no ofrece resultados inmediatamente. Pero no intentes empezar cuando tu hijo tiene catorce años porque entonces ya es tarde".

Ya. Otro inventor de la pólvora. Y, sin embargo, parece que el número de padres que no se ha enterado de esta verdad de perogrullo es tan alto que ya ha surgido la primera generación de padres que tienen MIEDO de los adolescentes. Los adultos se sienten impotentes hasta el punto de que algunos solicitan la intervención de la administración o de los jueces para que se hagan cargo de sus hijos, "porque no pueden con ellos". El cabo de la Guardia Civil de mi pueblo, que no llega a los sietemil habitantes me dijo en una ocasión que había dado curso desde que estaba en el puesto a más de cien denuncias de hijos hacia sus padres por los más variopintos motivos. ¿Son los hombres y mujeres de mi pueblo tan poco razonables o tan violentos con sus hijos?.

Y este miedo de los padres a sus hijos se ha contagiado a toda la sociedad. Un chaval de catorce años se puede subir a un tren sin pagar, poner la música a todo volumen y darle un puñetazo al revisor que intenta cobrarle y los adultos presentes lo verán y mirarán para otro lado. Mi abuelo y mi padre no lo habrían consentido jamás. Pero es que mi abuelo hizo la guerra civil y quizá se habría alistado en la División Azul ("voluntario, a la fuerza", que decía mi tío H. que sí fue a la Unión Soviética) si no hubiera tenido que cuidar de cinco viudas y doce huérfanos y mi padre la mili en África en un cuerpo de élite. ¿Era por eso? ¿O se trataba de otra cosa?.

Las situación de los adolescentes puede cambiar siempre y cuando asumamos nuestra responsabilidad como adultos y demos ejemplo, tengamos comprensión y seamos valientes y educados.

1. Dar ejemplo. Porque es muy difícil pedir a un adolescente que se comporte si:

-  sus padres con dos copas, o conduciendo un coche (o conduciendo un coche con dos copas) se comportan como gamberros.
- para corregirlo, tratamos al adolescente con desprecio o lo insultamos en plan: "Oye, niñato capullo, ¿bajas la música de una puta vez?". Incluso yo, a mis cuarenta y dos años, me pondría desafiante.

2. Comprensión. Porque aunque tenemos la idea de que un adolesctente de quince o dieciséis años porque mide más de un metro ochenta y pesa noventa kilos ya es un adulto, en realidad esto no es así.  No todo el cerebro está desarrollado en la misma manera: la zona que controla el comportamiento impulsivo y que envía reacciones inestables es mucho más poderosa que la zona que produce sabios razonamientos (en muchos, este equilibrio de fuerzas se mantiene bien pasada la treintena). Eso sí, comprender no significa tolerar. Por la misma razón que comprendemos lo divertido que puede ser para un niño tirar al suelo un jarrón para ver como se desintegra pero no se lo permitimos, igualmente el entender lo poderoso que se puede sentir un adolescente que amenaza a un profesor o lo dificil de controlar que es el impulso hormonal que lleva a intentar forzar a una compañera a tener sexo, no nos puede llevar a consentirlo.

3. Ser valientes y educados. Si nos sentimos impotentes o tenemos miedo esto genera también miedo en nuestros adolescentes. ¿O no tendrías miedo tú, como adulto, de una sociedad en que quien tiene que poner orden, tuviera miedo? Una palabra amable, dicha con respeto, pero con firmeza y sin temor, puede ir más lejos que una regañina mezclada con insultos, que deja entrever que levantas la voz para asustar a tu propio miedo. En esto, el modelo es el de Mahatma Gandhi. No puedo decir que Gandhi no tuviera miedo, es que morir le daba menos miedo que vivir bajo la represión. Otro tanto podemos pensar los adultos en esta relación con nuestros adolescentes. La tiranía actual de los adolescentes es tan intolerable como la tiranía del Imperio Británico sobre la India.

Y la solución es la misma.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

125. ¿Cuando fue la última vez...? (1) Solo para hombres por encima de los cuarenta.

que te tiraste al suelo, sin importarte si estaba limpio?
que te colgaste de las manos?
que anduviste a cuatro patas?
que agarraste una piedra y la lanzaste lejos?
que te subiste a un arbol?
que llevaste un objeto encima de tu cabeza?
que cavaste una zanja?
que saltaste por encima de una valla?
que te colaste por debajo de una valla?
que empujaste un objeto pesado?
que saltaste en un charco?
que jugaste un partido de futbol, baloncesto, rugby, tenis, etc. completo?
que corriste varios kilómetros?
que llevaste a tu mujer a la cama en brazos y le hiciste el amor como un campeón (si ella no dice después: "ahora sé por qué me casé contigo", no vale)?
que saltaste a la pata coja?
que subiste a un cuarto piso por las escaleras, saltando los escalones de dos en dos?
que subiste por una soga?
que reíste hasta que te dolieron las mandíbulas?

Si hace más de un año de cualquiera de estas cosas, deberías tomar medidas. Porque esa máquina perfecta en la que vives fue diseñada para hacer eso todos los días. El cuerpo humano es como una dinamo, cuanto más lo mueves, más energía tiene.