viernes, 16 de octubre de 2015

291. Lo que haga falta.

Mi casa de España, situada en el primer piso de un edificio de dos plantas, se reformó mientras yo estaba viviendo en Bélgica. Conocía la trayectoria del constructor y tenía buena fama, pero nunca había hecho una obra para mí, así que tuve una conversación con él. Le manifesté mi desconfianza y la respuesta de Pepe, el capataz de la constructora, fue pronta y clara:

- Y si surge algún problema, ¿qué vais a hacer para resolverlo?
- Lo que haga falta.

Entregué la llave al constructor y dos meses después me la devolvió, junto con una factura (con IVA, por supuesto). La obra estaba terminada a tiempo y dentro del presupuesto.

Caroline Jacobs, directora de RRHH de la empresa holandesa ZF Marine todavía se está recuperando de la impresión que le produjo Lo, un solicitante de empleo que entrevistó hace unos días. ZF Marine es una empresa especializada en la fabricación de propulsores cuya factoría holandesa está situada en una isla en la confluencia del Lek con el Nieuwe Maas aquí. Como podéis ver, la isla está unida al "continente" por un puente.

La señora Jacobs recibió una llamada de la recepcionista quien no podía aguantarse la risa. Lo (nuestro protagonista) había llegado a la recepción tiritando de frío, con el cabello, los zapatos y los calcetines completamente empapados y una sospechosa bolsa de basura chorreante en la mano.

Para entender el lamentable estado en que se presentó Lo en la recepción de ZF Marine, hay que retroceder un poco en la historia (un flash back, para los que sepan inglés).

Resulta que el puente que une la isla con la orilla del Nieuwe Maas está en obras. Eso imposibilita el acceso a la isla durante una buena parte del día. Lo llegó al puente y un empleado de la constructora le echó el alto. La conversación debió ir más o menos así.

- No se puede pasar.
- No tengo más remedio que ir a la isla pues tengo una entrevista de trabajo.
- Pues entonces tendrá que ir nadando.

Ni corto ni perezoso, el solicitante de empleo del año pidió una bolsa de basura, se desnudó y en calzoncillos cruzó a nado la distancia que separa la orilla de la isla. La distancia no es muy grande pero esta semana ya está helando en Holanda así que el agua debía de estar bastante fresquita.

"¿Le ha caído un chaparrón?", preguntó la directora de personal.

En la presentación y tras conocer la peripecia de Lo, la señora Jacobs le dijo que "desde luego, se ha ganado usted el puesto". "En el momento en que se lo dije era, por supuesto, una broma, pues se trata de un puesto muy especializado para el que el listón está muy alto".

No obstante, parece ser que Lo, que es ingeniero aeronáutico y aeroespacial, tenía suficiente cualificación para el trabajo pues empieza a trabajar el uno de noviembre.

"En cualquier caso", dijo la Sra Jacobs, "no hay ninguna duda sobre su perseverancia".

Las personas como Pepe y Lo, dispuestas, literalmente, a "lo que haga falta" para conseguir sus objetivos, transforman por completo las organizaciones para las que trabajan. Podríamos decir que son imprescindibles para el éxito de dichas organizaciones. Sin embargo, en la educación y en la formación no se insiste suficientemente en la importancia de hacer "lo que haga falta" para alcanzar los objetivos y menos aún, en la importancia de hacer "lo que haga falta" para cumplir con la palabra dada. En Holanda hay un alto porcentaje de personas con esa mentalidad de "lo que haga falta". Los holandeses prometen poco y no tienen ningún problema en decirte que no cuando les pides algo que no les conviene, no saben, no pueden o no quieren hacer. Y aprecian tu sinceridad cuando tú les dices que no. Lo que no toleran de ningún modo, es que digas que vas a hacer algo y luego no lo hagas. "Afspraak is afspraak" dicen los holandeses, frase que se podría traducir por "lo prometido es deuda". Y para conseguir cumplir con sus promesas hacen siempre "lo que haga falta".

En todas las familias, en todos los equipos, en todos los clubes deportivos, en todas las organizaciones, en todas las empresas y en todos los países hay personas que hacen "lo que pueden" y otras que hacen "lo que haga falta". Lo que separa a los que que tienen éxito de los que fracasan es el porcentaje. Y, a veces, un 1% extra de personas perseverante es todo lo que hace falta.

miércoles, 14 de octubre de 2015

290. Abuelita, abuelita...¡que polla más grande tienes!


Esta entrada, POR SI NO OS HABÍAIS DADO CUENTA, contiene lenguaje adulto.

El porno, por hacer un chiste fácil, puede ser muy penetrante. El porno puede permear toda tu vida y hacer que pienses que es la manera normal de relacionarte con las personas del otro sexo.

La versión porno del cuento de Caperucita Roja acaba así:

- Abuelita, abuelita... ¡que polla más grande tienes!
- ¡Nos ha jodido! ¡Como que soy el lobo! Y ahora te voy a follar, por tonta.

Cualquiera que haya oído el cuento de Caperucita Roja sabe que el cuento no acaba así. Cualquiera que mira porno sabe, o debería saber, que una relación sexual normal no tiene nada que ver con esa prostitución filmada que es el porno. Pero si tu única relación con el sexo es la pornografía, puedes llegar a una situación en que la pornografía adquiera tal carta de naturaleza que consideres normal que cada vez que un fontanero entra una casa, después de preguntarle si no tiene alguna otra cosa que desatascar, acabe copulando con la dueña, y que cuando el marido llegue a casa y sorprenda el adulterio, en lugar de enojarse, se una a la fiesta.

No sé si hemos llegado a lo anterior, pero en cualquier caso, hay constancia de la omnipresencia de la pornografía. En los Estados Unidos, que es ese país donde se estudia casi todo, se quiso hacer un estudio sobre los efectos a largo plazo de la exposición a la pornografía. No fue posible realizar dicho estudio por la imposibilidad de formar un grupo de control: no fueron capaces de encontrar un grupo suficientemente numeroso de estudiantes universitarios que no estuviesen expuestos regularmente a la pornografía. Ver.

En la entrada anterior hablé de que la tecnología permite que el lobo acceda cada vez más fácilmente a la casa de la abuelita. El porno es un lobo especialmente peligroso, en tanto en cuanto que ofrece una visión distorsionada del sexo, fomenta la explotación sexual y favorece el sometimiento de la mujer, como explica Ran Gavrieli, mucho mejor de lo que yo podría hacerlo, en este video.

La solución dada por la escuela de mi hija al incidente del hace algunas semanas fue darles la bronca a los chicos delante de sus compañeros y de sus compañeras y enviar un mensaje a todos los padres. Quizá habría sido más útil ofrecerles información sobre las consecuencias para ellos y para su relación con las mujeres del consumo de pornografía. Estos vídeos que he referenciado en esta entrada, por ejemplo, han ayudado a muchos adultos a dejar su afición a la pornografía. Quizá serían también útiles para evitar que muchos adolescentes se aficionen antes de alcanzar la edad adulta.

289. Abuelita, abuelita...¿para qué hay wi-fi en la escuela?

Las versiones edulcoradas del cuento de Caperucita me han parecido siempre ridículas. Me quedo con la versión original de Perrault. Aquí. Es posible que no todos los que lean este artículo entiendan francés pero ya conocéis la historia, ¿no? La particularidad del cuento original de Perrault es que el lobo, haciéndose pasar por la abuelita, convence a Caperucita para que se desnude, se meta en la cama con el lobo y acabe comida por él. Perrault escribió este cuento de terror pederasta para advertir a las adolescentes de los peligros de tanto lobo hijoputa como hay por ahí suelto.
Internet es una maravilla. De verdad lo digo. Gracias a internet, incluso las personas menos afortunadas tienen acceso a toda la información y a toda la formación disponible. Es una tecnología formidable que está cambiando el mundo. Y los que mejor dominan esta tecnología son los niños.

Hace unas semanas recibí un mensaje de la escuela en la que mi hija realiza el primer curso de la enseñanza secundaria. Parece ser que algunos de sus compañeros (estamos hablando de chavales que tienen doce o trece años) habían estado utilizando la red wi-fi y los ordenadores de la escuela para ver porno durante la clase.

Esto es sólo un ejemplo del problema que se está produciendo: los niños tienen hoy acceso a una potente tecnología antes de tener sentido común para utilizarla juiciosamente. Esto lleva a que se pongan en peligro a ellos mismos y a otros. ¿Y qué tiene que ver esto con el cuento de Caperucita? Pues que la tecnología no está cambiando el cuento. La tecnología lo que está consiguiendo es que el lobo entre más fácilmente en la casa del bosque y se coma antes a la abuela y a la nieta.

Una lástima de wi-fi y de laptops y de smartphones y de tablets y de tantas cosas que tienen el potencial de ser utilizados para educar y para enseñar y que, al final, como ha ocurrido tantas veces, acaban siendo utilizadas para llenar la cabeza de la gente de porquería.

(Continuará)