Cada persona reacciona ante las circunstancias según su propio conocimiento y experiencia. El tercer punto del triángulo debería ser el sentido común. Desafortunadamente, parece como si el binomio conocimiento-experiencia y el sentido común fuesen tan inmiscibles como el aceite y el agua.
Como muestra un botón, extraído de la realidad.
En una casa vieja de un pueblo, en un día de invierno sin sol, un anciano, ciego y casi sordo, se puso muy enfermo. La mujer llamó al médico y también al cura, que nunca se sabe. El médico lo desnudó dejándolo en calzoncillos, para auscultarlo. El anciano empezó a gritar (los chillidos podía oírse fuera de la casa) y a proferir insultos.
El médico dijo: "Este hombre está loco. Habrá que sedarlo".
El cura dijo: "Yo creo que está endemoniado. Habra que hacerle un exorcismo".
La mujer, también anciana, que estaba sentada en un rincón observando la escena, se acercó al grupo y dijo: "Pues yo creo que lo que tiene es frío" y lo arropó con una manta. Inmediatamente el anciano dejó de gritar.
En su aturdimiento ni el médico ni el cura, asustado el uno, escandalizado el otro, se dieron cuenta de que entre insulto e insulto lo que el anciano gritaba era: "Dadme cobija".