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viernes, 16 de marzo de 2012

232. De bonus y loterías.

Las noticias:

1. El 12 de julio de 2011, un matrimonio escocés, fue premiado con 185 millones de euros en el mayor premio de la historia de Euromillones. El matrimonio lo celebra haciendo un viaje a algunos países lejanos y, como única extravagancia conocida, comprando un palco del Futbol Club Barcelona.

2. A principios de 2012, el CEO de Anheuser-Busch InBev recibe un bonus de 133 millones de euros. Lo celebra brindando ante la prensa con una cerveza que NO produce su empresa, concretamente una Heineken.

Cuando alguien, por casualidad, acierta la exacta combinación de cifras del sorteo de Euromillones, la gente acude a la administración de lotería donde se selló el boleto, donde hay fiesta. Allí está la prensa, las cámaras de la televisión, e incluso personas que no tienen nada que ver con el premiado, celebran la suerte del afortunado. Los periódicos, entonces, aconsejados por sicólogos y por la Policía, deciden ser discretos y no revelar la identidad de los afortunados a menos que ellos lo quieran, para evitar que dichas personas sean acosadas tanto por la prensa, como por conocidos, asociaciones, ONGs, iglesias y para protegerles de posibles extorsionadores e incluso de los bancos. Y se llenan los periódicos de páginas en las que personas famosas y anónimas son entrevistadas con la pregunta: "¿Y qué haría usted con todo ese dinero?" Y hasta llega a ser noticia de portada de los principales telediarios y en los programas de cotilleo, se habla sobre el tema. Y la gente sueña, que soñar es gratis, que darían una vuelta al mundo, o que comprarían este o aquel vehículo deportivo o que se harían una lujosa casa en la playa, con vistas al mar. La mayoría de las personas, después de esto, seguirían sin saber que hacer con el resto de los 180 millones, porque quien no está acostumbrado a manejar estas magnitudes no se hace una idea de lo difícil que es gastar 185 millones de Euros. No falta quien dice que el dinero no lo es todo y que la felicidad no se escribe con muchos ceros detrás.

Pero si un chico de humilde cuna se esfuerza para hacerlo lo mejor posible en la escuela y tras años de trabajo duro, de aguantar a gente desagradable y de pasarse largas noches sin dormir haciendo presentaciones en powerpoint, consigue llegar a ser el máximo gestor (Chief Executive Manager) de la cervecera más grande del mundo y recibe, como premio por una gigantesca reducción de la deuda de la empresa, un pequeñísimo porcentaje de los enormes beneficios que él, a base de cebada, levadura y hojas de cálculo, ha conseguido para su empresa, todo el mundo se cree con derecho a tirarse al cuello "de ese hijoputa."

Yo siempre me he preguntado por qué esto es así, sin encontrar la respuesta. Hoy, leyendo el artículo de Guillaume Van de Stighelen en el periódico De Morgen, del que he tomado una parte para escribir esta entrada, he visto la luz.

Muchas personas, en su fuero interno, abrigan la esperanza de que es posible, para ellos, aunque la probabilidad es casi despreciable, ganar un premio de la lotería de muchos millones de euros. Pero conseguirlo a base de esfuerzo, talento y superación solo está al alcance de unos pocos. Y eso hace que la gente reviente de envidia.

Tengo la esperanza de que algún día se celebrarán los éxitos ajenos basados en el esfuerzo y la superación como se celebran los premios de lotería, pero creo que para eso, los años que la Biblia dice que vivió Matusalén serán pocos. Así que mi esperanza es tan vana como la de que me toquen cien millones de euros a la lotería, teniendo en cuenta que nunca juego.