La mejor manera de evitar el infierno es, claro está, ser ateo. En un mundo sin religión, sin virtud ni pecado, sin Dios ni Satanás, no hay lugar para el cielo ni el infierno.
Sin embargo, hay siempre algo a lo que nos tenemos que enfrentar los humanos, los creyentes y los ateos: la muerte. Momentos antes de morir, toda nuestra vida pasará ante nuestros ojos (eso dicen quienes han tenido experiencias cercanas a la muerte) y la persona que hemos sido, mirará de frente a la persona que podríamos haber sido. Y la vergüenza que muchos de nosotros vamos a padecer en ese momento, quemará mucho más que el fuego de la caldera de Pedro Botero.
A tiempo estamos.
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Hace 3 días