miércoles, 24 de octubre de 2012

264. ¿Clase media?

Hace unos días me decía un amigo que la clase media está desapareciendo rápidamente de España. Mi respuesta le pareció sorprendente: "A lo mejor, no era tan media".

Muchas familias que se llaman a si mismas "clase media" tienen unos gastos fijos en una horquilla entre el 90% y el 120% de sus ingresos mensuales, dependiendo del mes del año de que estemos hablando, no tienen ahorros ni capacidad de generarlos y habitualmente su única fuente de ingresos es su salario.

Si pierden su empleo, en seis meses, su situación económica puede ser realmente precaria.

No son clase media.

Para que una familia pueda decir que pertenece a la clase media debe tener una independencia financiera sólida, que podríamos traducir en la capacidad de mantenerse un mínimo de dos años sin ingreso alguno sin que ello suponga tener que acudir a la beneficencia. Esta independencia financiera es una situación que no se alcanza ni en un día ni en dos, sino que es el resultado de la ejecución sistemática de un plan de independencia financiera que debe incluir (como mínimo) aprender a comprar, aprender a ahorrar y a invertir lo ahorrado, la gestión de presupuestos familiares, el control de la deuda, un plan de contingencia en caso de accidente o enfermedad grave que cause una incapacidad profesional y tener múltiples fuentes de ingresos para no depender solo del salario. Todo ello lleva a una situación en la que la familia, pase lo que pase, está protegida contra los vaivenes de la economía.

Y entonces, esa familia puede llamarse clase media.

Si no, con todo el respeto que merecen como seres humanos las personas que pelean por sacar a su familia adelante y llegar a fin de mes, desde el punto de vista exclusivamente económico-financiero, son clase baja y como tal debe vivir.

Una familia de clase baja que quiere vivir como si fuera de clase media, se engaña a sí misma y se pone en peligro financiero permanente que puede llevarla a un endeudamiento del que sea imposible recuperarse.

sábado, 13 de octubre de 2012

263. De callos y trajes.


En España tenemos una especie de afición por el linchamiento.Siempre me ha llamado la atención que en todas las imágenes de los juzgados de la televisión siempre hay un grupo de personas gritando, insultando y amenazando a los acusados, incluso antes de que se demuestre que son culpables de algo.

La noticia es de hace casi un mes, pero podría ser de hace mucho más tiempo (como mostraré después) y probablemente volverá a ocurrir en el futuro.

El día de la manifestación organizada el 25 de Septiembre bajo el título "Rodea el congreso", las calles aledañas a la Carrera de San Jerónimo de Madrid, se van llenando de manifestantes.

De repente, cruza la escena un señor trajeado, de pelo blanco y con una carpeta en la mano. ¡Un señor con traje! Y de repente, la masa empieza a hacer asociaciones: Un señor con traje, camino del congreso es un político. Los políticos tienen la culpa de los recortes. Este señor con traje tiene la culpa de los recortes.

- "Fuera, fuera"
- "Esperanza Aguirre ha dejado a mi hijo sin trabajo", le dice una señora.
 - "Pues reclámele usted a Esperanza Aguire", contesta el señor del traje.
- "Vosotros vivís bien, a la cárcel tendríais que ir".
- "No tenéis vergüenza".

El señor de traje, visiblemente nervioso, esboza media sonrisa, provocada seguramente por lo kafkiano de la situación. Y entonces, uno de los manifestantes se coloca delante del señor del traje, acercándose mucho a él en actitud amenazadora: "No te rías, no te rías, que no es p'a reirse".

El señor del traje se lo saca de encima como puede, a empujones; el manifestante blasfema e intenta una agresión, algunas personas protegen al señor del traje, la mayoría lo insulta. El señor del traje se va de allí como puede y entonces se oye la sentencia: 

"ASÍ TE ZUMBE LA E.T.A., CABRÓN".

El señor del traje, resultó no ser un político, sino Miguel Angel Aguilar, un periodista habitual en las tertulias de la Cadena Ser y Tele5 y que no es precisamente partidario del gobierno ni de su política de recortes. Pero el "jurado popular" no lo sabía, ni falta que le hacía saberlo. El señor del traje era culpable y punto.

En agosto de 1936, en un lugar de la Mancha, un grupo de hombres armados con fusiles golpea la puerta de una casa. Un hombre menudo y asustado abre la puerta.

- "A ver, enséñanos las manos... ¿No tienes callos? Entonces, tú te vienes con nosotros."
- "¿Cómo voy a tener callos si trabajo en una oficina?"
- "No me cuentes historias, si no tienes callos, eres un terrateniente y un fascista."

El señor de manos blancas y finas resultó ser un empleado del Registro de la Propiedad, sin más tierra que la de las macetas de su patio y sin actividad política conocida. Poco después el señor de manos blancas y finas era fusilado junto a la que hoy es la N-401. Por no tener callos en las manos.


No os voy a recomendar, por supuesto, que dejéis de usar traje (aunque yo no sabría decir dónde están los míos, de tan poco que los uso), ni que busquéis un trabajo manual para tener manos más toscas (como yo, los miércoles, en el jardín del colegio al que van mis hijas). Pero quizá sería una buena idea intentar un diálogo más sosegado, menos simplista, menos maniqueo y esforzarse en no crear más prejuicios ni más odio que el que ya aparentemente nos tenemos. No vaya a ser que un día alguien nos encuentre, de traje y sin callos, en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

martes, 9 de octubre de 2012

262. Money makes the world go round.

Hay mentiras que, a base de repetirlas mucho, acaban pareciendo verdad. Todo el mundo parece ya convencido de que de esta crisis de deuda se sale...creando más deuda. O sea, como popularmente se dice, dándole a la maquinita de hacer dinero.

Richard Fisher es uno de los pocos presidentes de la Reserva Federal que se opone a la última ronda de creación de dinero, llamada QE3 (un eufemismo, Quantitative Easing, absolutamente vomitivo e intraducible que, en mi opinión, solo significa destrucción del valor del dinero, es decir, inflación) . Richard Fisher ha dicho públicamente que provocará una mayor inflación sin mejorar la economía. En ese mismo show, Donald Trump dice: "Yo debería estar contento. Para todos los que estamos en el negocio inmobiliario y financiero es genial. Pero es artificial. Estamos imprimiendo dinero y haciéndolo incorrectamente -- y tiene buena pinta, y da la impresión de que lo estoy haciendo bien en todas las acciones que elijo, pero no es real. Las acciones y las propiedades inmobiliarias suben porque estamos imprimiendo dinero".

O sea, que parece que todo mejora, las acciones suben, las propiedades inmobiliarias dejan de bajar de precio, e incluso suben en algunas zonas. Pero es solo el precio lo que sube, no el valor. Es un crecimiento aparente. En realidad no es que esos bienes estén subiendo de valor, es que el dinero con el que se mide su precio está bajando de valor. Que parece lo mismo, pero no lo es. Muchas personas intuyen este resultado negativo cuando se dan cuenta de que en los últimos diez años todo ha subido, menos su sueldo. Pero como las cifras oficiales dicen que la inflación ha sido moderada, pues se callan, no les vayan a tomar por gilipollas.

Donald Trump dice que “como inversor inmobiliario, la inflación es mi amiga. La inflación es genial, una gran amiga de los que tenemos un cierto nivel en el negocio inmobiliario. A mí me encanta la inflación, pero no es buena para el país. Eso sí, a mí personalmente, sabes, la inflación me ha hecho rico".

¿Y por qué la inflación es buena para los ricos? Pues muy sencillo. Porque cuando se crea dinero, éste va, en primer lugar, a los bancos y a los más ricos. Porque lo que los bancos centrales hacen para crear dinero es comprar activos financieros (no solo deuda pública). Una de las próximas actividades de la Fed (y del Banco Central Europeo) será comprar Mortgage Back Securities (Activos respaldados por hipotecas, o sea, los famosos paquetes de hipotecas basura). Y esos activos financieros no son precisamente el tipo de activos que compra la clase media. Además, los bancos centrales los compran a unos precios que realmente no valen (en realidad, no valen casi nada). Es decir, estamos creando dinero (lo que hace que el dinero que tenemos todos valga menos) para comprar, de los bancos y de los ricos, activos por un precio muy superior a su valor real. Y los bancos y los ricos, con ese dinerito recién imprimido, se van a la bolsa y compran acciones y se van al mercado inmobiliario y se compran un edificio de oficinas, ahora que están baratitos e incluso compran deuda pública y hacen unos negocios de dar auténtico miedo. Cuanto más honda la crisis, más dinero se imprime y mejores negocios hacen los bancos y los ricos, aprovechando los bajos tipos de interés y el estrangulamiento del mercado de deuda pública.

Los ricos y los bancos dan palmas con las orejas, mientras la izquierda en pleno, asesorada por prestigiosos economistas, tan prestigiosos que hasta les dan premios Nobel de Economía, pide más y más dinero, para salir de la crisis. Y el pueblo, en la calle, se manifiesta contra los recortes, exige a los bancos centrales que abran la mano, en la creencia de que, haciendo más dinero fácil, su situación a corto plazo mejorará de un día para otro. Del largo plazo...ya hablaremos cuando llegue.