Hace unos días me decía un amigo que la clase media está desapareciendo rápidamente de España. Mi respuesta le pareció sorprendente: "A lo mejor, no era tan media".
Muchas familias que se llaman a si mismas "clase media" tienen unos gastos fijos en una horquilla entre el 90% y el 120% de sus ingresos mensuales, dependiendo del mes del año de que estemos hablando, no tienen ahorros ni capacidad de generarlos y habitualmente su única fuente de ingresos es su salario.
Si pierden su empleo, en seis meses, su situación económica puede ser realmente precaria.
No son clase media.
Para que una familia pueda decir que pertenece a la clase media debe tener una independencia financiera sólida, que podríamos traducir en la capacidad de mantenerse un mínimo de dos años sin ingreso alguno sin que ello suponga tener que acudir a la beneficencia. Esta independencia financiera es una situación que no se alcanza ni en un día ni en dos, sino que es el resultado de la ejecución sistemática de un plan de independencia financiera que debe incluir (como mínimo) aprender a comprar, aprender a ahorrar y a invertir lo ahorrado, la gestión de presupuestos familiares, el control de la deuda, un plan de contingencia en caso de accidente o enfermedad grave que cause una incapacidad profesional y tener múltiples fuentes de ingresos para no depender solo del salario. Todo ello lleva a una situación en la que la familia, pase lo que pase, está protegida contra los vaivenes de la economía.
Y entonces, esa familia puede llamarse clase media.
Si no, con todo el respeto que merecen como seres humanos las personas que pelean por sacar a su familia adelante y llegar a fin de mes, desde el punto de vista exclusivamente económico-financiero, son clase baja y como tal debe vivir.
Una familia de clase baja que quiere vivir como si fuera de clase media, se engaña a sí misma y se pone en peligro financiero permanente que puede llevarla a un endeudamiento del que sea imposible recuperarse.
Muchas familias que se llaman a si mismas "clase media" tienen unos gastos fijos en una horquilla entre el 90% y el 120% de sus ingresos mensuales, dependiendo del mes del año de que estemos hablando, no tienen ahorros ni capacidad de generarlos y habitualmente su única fuente de ingresos es su salario.
Si pierden su empleo, en seis meses, su situación económica puede ser realmente precaria.
No son clase media.
Para que una familia pueda decir que pertenece a la clase media debe tener una independencia financiera sólida, que podríamos traducir en la capacidad de mantenerse un mínimo de dos años sin ingreso alguno sin que ello suponga tener que acudir a la beneficencia. Esta independencia financiera es una situación que no se alcanza ni en un día ni en dos, sino que es el resultado de la ejecución sistemática de un plan de independencia financiera que debe incluir (como mínimo) aprender a comprar, aprender a ahorrar y a invertir lo ahorrado, la gestión de presupuestos familiares, el control de la deuda, un plan de contingencia en caso de accidente o enfermedad grave que cause una incapacidad profesional y tener múltiples fuentes de ingresos para no depender solo del salario. Todo ello lleva a una situación en la que la familia, pase lo que pase, está protegida contra los vaivenes de la economía.
Y entonces, esa familia puede llamarse clase media.
Si no, con todo el respeto que merecen como seres humanos las personas que pelean por sacar a su familia adelante y llegar a fin de mes, desde el punto de vista exclusivamente económico-financiero, son clase baja y como tal debe vivir.
Una familia de clase baja que quiere vivir como si fuera de clase media, se engaña a sí misma y se pone en peligro financiero permanente que puede llevarla a un endeudamiento del que sea imposible recuperarse.