lunes, 29 de agosto de 2011

204. Movimientos de cadera. Movimiento 2.

Llevaba un par de semana mi hija C.M. con un pie que le molestaba al caminar. Lo hablé con su madre y decidimos que la mejor opción era llevar a la niña a Nourredin Amjadi, Doctor en Osteopatía y una de las personas más capaces que conozco (excepción hecha de Van Beest en Scheveningen, quiropráctico, ya retirado), a la hora de corregir disfunciones esqueletales (o sea, de poner huesos y músculos en su sitio). Su indiscutible talento y su experiencia de quince años, se rematan, a modo de guinda sobre un pastel, con hombría de bien, amabilidad, humildad y paciencia.

El Dr.Amjadi dice que la Osteopatía es la Medicina por excelencia (interesante, y por ahí dicen que la Osteopatía no es Medicina). Yo, que he puesto en sus manos a S. cuando tenía dos meses de edad (tenía el cuello desviado desde el parto y ningún Licenciado en Alopatía había propuesto más solución que proporcionar calmantes y "esperar que el problema se corregirá por sí solo"), estoy por dar la razón a quienes dicen que la Osteopatía no es Medicina pues los resultados que el Dr. Amjadi obtiene están más cerca del milagro que de la ciencia. El Dr. Amjadi dice que "si mil veces muriera y volviera a nacer, mil veces volvería a ser osteópata". Esta afirmación me dejó sin habla. ¿A cuántas personas conozco yo que amen tanto su profesión y su vida que estarían dispuestas a repetirla mil veces? Creo que las puedo contar con los dedos de la nariz.

Después de que el Dr. Amjadi corrigió el esguince de C.M. con una manipulación de aproximadamente media hora (en la que aprovechó para revisar su columna vertebral y las articulaciones de la cadera y de los hombros) le pregunté si no tendría un hueco para mí pues llevaba varias semanas con molestias en el lado izquierdo, a la altura de la cadera.

- Venga pues la semana que viene, tengo un hueco el día....

A la semana siguiente llegué a la consulta, cinco minutos tarde, con mis tres hijas. La canguro, que es de fiar, vaya. ¡Qué juventud!, que diría mi padre.

Me desnudé y me tendí en la camilla sobre la espalda. Empezó a manipularme (que no se entienda mal la expresión) y todo fue muy bien hasta que, en un momento determinado me puso de lado, metió una mano por debajo de la axila hasta la espalda y tirando del brazo, me giró la parte superior del cuerpo hacia el lado contrario de la parte inferior. Y así, en aquella postura de lucha grecorromana, casi sin poder respirar, empezó a darme golpes con la cadera (los músculos de la cadera son los más fuertes, por lo que los que trabajan el cuerpo se sirven de ellos para las grandes manipulaciones). A mí me dió por reír. 
- "No se lo tome a mal, doctor, es que no me he visto nunca en una situación así".

Él sonrió y amablemente me contestó: "Bueno, es que no es una postura para todos los días".

Al salir, me encontré con el siguiente cliente, una mujer, a quien acompañaba su marido.
- "¿Quiere usted pasar también?", preguntó el osteópata.
- "No, prefiero quedarme en la sala de espera".

- "Pues no sabe lo que se pierde", dije para mis adentros.

Las niñas salieron a la calle y C.M. me preguntó: ¿Papá, que te ha hecho el osteópata?

- ¿Queréis un helado?

sábado, 20 de agosto de 2011

203. Movimientos de cadera. Movimiento número 1.


Eran las 10 de la mañana y lucía el sol (cosa rara en este verano que nos ha salido malo, malo). Salía de casa con el automóvil cuando observé un grupo de seis hombres, acodados en las mesas altas de la terraza de un bar ("la terraza está reservada para los fumadores" y aunque el acceso no está restringido a las mujeres, es como si lo estuviera), mirando todos en una dirección. Cuando hay muchos hombres con el codo apoyado en una terraza de un bar mirando en una misma dirección solo puede ser por un movimiento de cadera: la de un delantero de futbol o la de una mujer espectacular. Y a las 11 de la mañana,  no hay partido.

Imagínensela. Larga como un día sin pan: yo diría que frisaba los ciento ochenta centímetros de altura. No me paré a tomarle las medidas pero estaba bien proporcionada (estaba mu güena, que diría mi padre). El cabello negro suelto (aquí se nota que las tropas españolas estuvieron muchos años en Flandes del Sur con poco que hacer, no como en los Países Bajos donde tuvieron que atarse los machos), vestido negro ceñido marcando cada curva y tacones imposibles (imposibles para usted y para mí, que ella los llevaba con mucho estilo). 

El movimiento de su cadera iba provocando oscilaciones de cinco grados en el eje de las mesas de la terraza antes mencionada, además de miradas cómplices y soplidos de admiración mientras ella descendía la ligera cuesta, camino del Ayuntamiento. A más de uno se le ocurrió en ese momento que tenía que pagar la contribución o pedir un certificado de buena conducta.

Yo conducía en la misma dirección que ella caminaba. Había observado la escena de la terraza del bar y ahora veía la causa. Vi la oscilación de sus caderas y me vino a la cabeza el concepto del "movimiento armónico simple" y también aquel compañero del Cisneros de quien decían que era capaz de demostrarlo haciendo oscilar su pene). Al llegar a su altura recordé a mi profesora de reflexología podal cuando describía la importancia de observar el cuerpo de los pacientes para descubrir cambios en la textura, la coloración, la elasticidad, la temperatura o la humedad de las distintas partes del cuerpo. En concreto, nos habló de que se podía observar que algunas partes del cuerpo puede parecer "más viejas" que otras, habitualmente los "extremos" (pies, manos y cara) del cuerpo y que habitualmente son las que antes envejecen porque es en los "extremos"donde se acumulan las toxinas que nuestros órganos de eliminación no son capaces de procesar, pero que también se podían observar diferencias entre la parte derecha y la izquierda del cuerpo, entre la parte superior y la inferior, entre la parte media y la parte externa y, por último, también entre la parte trasera y la parte delantera. Este último caso lo describió con el refrán holandés "Van achter lyceum, van voren museum" (por detras liceo, por delante museo). Pues la señora en cuestión habría sido un buen caso de estudio para nuestra clase...supongo que ya se imaginan por qué.

Y sin embargo, por aproximadamente el intenso minuto que tardó en recorrer la calle hasta que los levantadores mañaneros de vidrio en barra fija y yo la perdimos de vista, nos olvidamos del hambre en Africa y de la crisis económica y de las inundaciones de ayer que dejaron medio país en barbecho y cuatro muertos y cientos de heridos en un concierto.

¡Y es que no tenemos remedio¡

lunes, 15 de agosto de 2011

202. Retrato de dos generaciones.

Alucinante el anuncio de un vehículo (no me preguntéis de cual, que a tanto no llega mi curiosidad) que he visto en una calle de mi pueblo belga. En él se ve a un chaval vestido de delincuente norteamericano (o sea, con la bragueta a la altura de las rodillas) que dice: "Papá, si me coloco el pantalón en su sitio me compras un...(modelo del vehículo en cuestión)".

Cojonudo, oye, perdónenme la expresión. Quizá como anuncio no valga mucho y no sé si venderá muchos coches, pero como viñeta no tiene precio. Es un auténtico retrato de dos generaciones. La de los niños que hacen lo que quieren hasta que ven la oportunidad de ejercer su derecho a recibir una gran recompensa a cambio de un mínimo esfuerzo y la de los padres que van pagando a golpe de crédito fácil (fácil cuando se firma, menos fácil cuando se paga) la deuda de afecto, presencia, estructura, educación y disciplina que tienen con sus hijos.

En fin...