He llegado a la conclusión de que el mundo no es de los inteligentes ni de los trabajadores, ni de los capaces. El mundo es de los que deciden rápido, se lanzan con entusiasmo hacia el objetivo decidido y continúan hasta que lo consiguen.
De todo esto, tres ejemplos extraídos de mi propia experiencia:
1. Entusiasmo.
Hace unos días, ayudando a mi hija mayor a hacer los deberes y en el marco de un ejercicio de algo parecido a lo que nosotros llamamos Ciencias Sociales, me preguntó si yo sabía cuáles fueron las primeras palabras que ella pronunció. -Mamma, pappa, oma (mamá, papá y abuela, en holandés), dije, ocultando la vergonzosa realidad. Porque las primeras palabras de mi hija fueron muy otras.
Tenia C.M. ya 20 meses y aún no había dicho una palabra en claro. Eso sí balbuceaba mucho y no se callaba ni debajo del agua, pero nada inteligible. Tanto educadores como médicos nos habían dicho que no nos preocupásemos. Que hay niños que empiezan a hablar antes y niños que después...y bla, bla. Pero mi madre y mi suegra nos tenían ya la cabeza como un bombo: que a ver si esa niña no va a estar bien, que si había que ir a un logopeda...Dia sí y día no, vuelta la burra al trigo.
Un día, sentado en mi coche a la puerta de casa, ví pasar a un conocido al que, digamos, no tengo en mucho aprecio. Él hizo un mohín de disgusto, como si le molestara no haberme visto a tiempo de volver la cabeza hacia otro lado. Yo, aprovechando la insonoración del automovil, agachando levemente la cabeza para evitar que pudiera leerme los labios dije:
- "¡ADIOS...CAPULLO!".
A mi espalda, una vocecita angelical me sobresaltó (pues había olvidado que ella estaba en el asiento de atrás):
- "Adioz capullo".
"Capullo", pronunciada con el sonido "ll" al modo tradicional castellano, y no "mamá" fue la primera palabra que mi hija C.M. pronunció correctamente, a la tierna edad de 20 meses. Y todo gracias al enorme entusiasmo que puse en la pronunciación de la misma.
2. Persistencia.
La primavera pasada recibí visita de Kikás en mi casa belga y se quedó a dormir. Kikás se quedó sorprendido por el entusiasmo que desplegaron mis hijas en el desayuno, girando sin parar alrededor de nuestra mesa hasta que Kikás les pidió parar "porque me estoy mareando".
Entonces S. una de las mellizas, le acercó una pelota diciendo:
- "Bal" (pelota en holandés).
Kikás, levantando el dedo índice, respondió:
- "No se dice bal, se dice pelota, PE-LO-TA"
- "Bal" - respondió S.
- "No se dice bal, se dice pelota, PE-LO-TA"
- "Bal" - volvió a decir S.
Perdí la cuenta de las veces que la una dijo "bal" y el otro "no se dice bal, se dice pelota, PE-LO-TA", pero en un momento determinado, S. dijo:
"No dice bal, dice pelota, PE-LO-TA"
Y Kikás sonrió, con expresión de triunfo.
Por eso Kikás es un hombre de éxito, no porque sea inteligente, o trabajador (que no digo que no sea ambas cosas, no me entendáis mal) sino porque es persistente como un buey.
3. Decisión.
El mundo es de los que toman decisiones.
Por Navidad tengo la costumbre de engalanar un árbol de mi jardín, uno no muy alto, como de cinco metros, con luces blancas, de esas con intermitencia programada en varias secuencias distintas. Queda un poco hortera, pero hace muy alegre el jardín, especialmente en las frías noches invernales de Bélgica.
Colocar las luces es un ejercicio incómodo y peligroso. Quitarlas, cuando ya todo está nevado es, si cabe, aún más peligroso. Por eso suelo tardar bastante en quitar las luces, una vez pasados los Reyes Magos. Es que me da pereza.
Esto enoja sobremanera a mi mujer, por lo que me dijo que "esto no podía pasar este año, que iba a ser la última vez". No se si me rebelé inconscientemente, pero el caso es que en junio aún estaban las luces puestas en el arbol.
A finales de junio un ruido ensordecedor a las ocho de la mañana me sobresaltó. Me asome al jardín y vi el arbol caer: mi mujer había llamado a un jardinero para que cortara el arbol.
Llegué justo a tiempo para recoger las luces antes de que el jardinero metiera el árbol en el triturador.
Pues eso, en resumen, como dice el título del artículo, las claves del éxito son el entusiasmo, la persistencia y la decisión. Espero que queda suficientemente explicado por qué.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
189. Pero ¿existe el libre albedrío?
Cuando yo hice la mili me entregaron una especie de ficha en la que se valoraban las distintas cualidades personales necesarias para ser un buen soldado. Ahí se valoraban la puntualidad, la disciplina, el esfuerzo y no se cuantas cosas más. Pero me llamó la atención que el último punto no se valoraba. Al llegar a la casilla del "Valor", ésta estaba ya estaba rellena con la mención "Se le supone". Es decir, que se da por supuesto que un soldado español es valiente. A ningún mando, por alta que fuera su escala, se le ocurrió nunca hacer un estudio del valor de los soldados, para evitarse las consecuencias de los resultados de dicho estudio, a saber: el tener que decidir qué hacer con los soldados cobardes.
Esta historia viene al caso porque ayer leí en un periódico que un investigador de una universidad holandesa ha iniciado un estudio sociológico para averiguar si el libre albedrío existe realmente. Y para apoyar su estudio, ha recibido una subvención de la Unión Europea de €1.500.000 (sí, no me he equivocado añadiendo ceros de más, es un un millón y medio de euros).
Es mi modesta opinión, todo lo modesta que puede ser una de mis opiniones, habría que suspender de empleo y sueldo tanto al investigador como al funcionario que aprobó la subvención. No porque considere que es una investigación innecesaria ni porque considere que subvencionar tal estudio es un despilfarro (antes habría que meterle mano a tantos despilfarros...) sino por la intrísca peligrosidad del estudio mismo. Al igual que el normal funcionamiento del ejército se basa en la suposición de que el soldado es valiente al ser humano se le debe suponer el libre albedrío. Realizar un estudio sociológico para averiguar si existe el libre albedrío es una irresponsabilidad enorme.
Porque si el estudio demostrará que sí, que el ser humano es libre de decidir lo que hacer con su vida y, por lo tanto, responsable de sus acciones y por ello, debe cargar con las consecuencias, la Unión Europea habrá despilfarrado €1.500.000 en una gilipollez (una gota en el océano) pero nuestra estructura social no se vería afectada. Pero si ocurriera que el resultado del estudio es que el libre albedrío no existe, que todo está determinado de antemano y que haga lo que haga y decida lo que decida el ser humano, pasará lo que tenga que pasar (o lo que Dios quiera, para entendernos entre personas educadas en el cristianismo), ¿con que cara va un juez a condenar a quien ha cometido un delito?, ¿quién le afeará su comportamiento al chaval de diecisiete años que apuñale a su padre por que no lo deja salir más allá de las cuatro de la mañana? ¿o bajo que cargos va a detener la policia a un político corrupto si su comportamiento ya está determinado desde la "Gran Explosión"?.
Y esto es un riesgo muy grande que hay que evitar a toda costa. Mejor sería que nos dejáramos de estudios sociológicos peligrosos y supusieramos, que como al soldado el valor, al ser humano el libre albedrío se le supone.
Por la cuenta que nos tiene.
Esta historia viene al caso porque ayer leí en un periódico que un investigador de una universidad holandesa ha iniciado un estudio sociológico para averiguar si el libre albedrío existe realmente. Y para apoyar su estudio, ha recibido una subvención de la Unión Europea de €1.500.000 (sí, no me he equivocado añadiendo ceros de más, es un un millón y medio de euros).
Es mi modesta opinión, todo lo modesta que puede ser una de mis opiniones, habría que suspender de empleo y sueldo tanto al investigador como al funcionario que aprobó la subvención. No porque considere que es una investigación innecesaria ni porque considere que subvencionar tal estudio es un despilfarro (antes habría que meterle mano a tantos despilfarros...) sino por la intrísca peligrosidad del estudio mismo. Al igual que el normal funcionamiento del ejército se basa en la suposición de que el soldado es valiente al ser humano se le debe suponer el libre albedrío. Realizar un estudio sociológico para averiguar si existe el libre albedrío es una irresponsabilidad enorme.
Porque si el estudio demostrará que sí, que el ser humano es libre de decidir lo que hacer con su vida y, por lo tanto, responsable de sus acciones y por ello, debe cargar con las consecuencias, la Unión Europea habrá despilfarrado €1.500.000 en una gilipollez (una gota en el océano) pero nuestra estructura social no se vería afectada. Pero si ocurriera que el resultado del estudio es que el libre albedrío no existe, que todo está determinado de antemano y que haga lo que haga y decida lo que decida el ser humano, pasará lo que tenga que pasar (o lo que Dios quiera, para entendernos entre personas educadas en el cristianismo), ¿con que cara va un juez a condenar a quien ha cometido un delito?, ¿quién le afeará su comportamiento al chaval de diecisiete años que apuñale a su padre por que no lo deja salir más allá de las cuatro de la mañana? ¿o bajo que cargos va a detener la policia a un político corrupto si su comportamiento ya está determinado desde la "Gran Explosión"?.
Y esto es un riesgo muy grande que hay que evitar a toda costa. Mejor sería que nos dejáramos de estudios sociológicos peligrosos y supusieramos, que como al soldado el valor, al ser humano el libre albedrío se le supone.
Por la cuenta que nos tiene.
martes, 17 de agosto de 2010
188. Goles y tomates.
En los Países Bajos aún están convencidos de que la selección de futbol de Países Bajos perdió la final del Campeonato del Mundo de Sudáfrica 2010 por culpa del árbitro y yo entiendo su punto de vista. Cuando la Selección Española jugaba como nunca (y perdía como siempre), utilizando sólo la furia (por faltar el talento) y sus defensas eran el terror de los tobillos de medio mundo, también le echábamos la culpa al empedrado.
Eso sí, como quien no se consuela es porque no quiere, un holandés que tiene un diario sobre nutrición afirma que hay otro partido que los Países Bajos le ha ganado a España: el partido del tomate.
Resulta que los Países Bajos han superado a España en, ¡chúpate esa, Vicente del Bosque!, en...¡exportación de tomates!, nada menos. Los Países Bajos han desbancado a España del segundo puesto siendo el primero para México.
Claro que en el análisis se les quita de golpe la alegría. Los Países Bajos exportan más tomates que España porque son comerciantes eficaces (hay que serlo si quieres vender esos tomates que sólo saben a agua) y porque hay que dar salida a una enorme producción. ¿Y por qué hay una enorme producción de tomates en los Países Bajos?. Pues porque a los agricultores holandeses les pagan una mierda por cada tomate que producen, lo que les obliga a una enorme producción para poder hacer frente a los elevados costes de produccir tomates en invernadero (calentado con gas natural) y llevar a las bocas de sus niños algo más que tomates insípidos. Por ejemplo, fresas insípidas, producidas en los invernaderos españoles.
Volveré sobre el tema, cuando un día de estos reúna las fuerzas para hablar de alimentación.
Es que no sabéis la pereza que me da escribir.
Eso sí, como quien no se consuela es porque no quiere, un holandés que tiene un diario sobre nutrición afirma que hay otro partido que los Países Bajos le ha ganado a España: el partido del tomate.
Resulta que los Países Bajos han superado a España en, ¡chúpate esa, Vicente del Bosque!, en...¡exportación de tomates!, nada menos. Los Países Bajos han desbancado a España del segundo puesto siendo el primero para México.
Claro que en el análisis se les quita de golpe la alegría. Los Países Bajos exportan más tomates que España porque son comerciantes eficaces (hay que serlo si quieres vender esos tomates que sólo saben a agua) y porque hay que dar salida a una enorme producción. ¿Y por qué hay una enorme producción de tomates en los Países Bajos?. Pues porque a los agricultores holandeses les pagan una mierda por cada tomate que producen, lo que les obliga a una enorme producción para poder hacer frente a los elevados costes de produccir tomates en invernadero (calentado con gas natural) y llevar a las bocas de sus niños algo más que tomates insípidos. Por ejemplo, fresas insípidas, producidas en los invernaderos españoles.
Volveré sobre el tema, cuando un día de estos reúna las fuerzas para hablar de alimentación.
Es que no sabéis la pereza que me da escribir.
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